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Se dice que cualquier hombre capaz de procrear es un padre, esté presente o no en la vida de su hijo. Si bien ésto es técnicamente correcto, se necesita ser un verdadero hombre para ser papá.

No hay nada más insultante que un caballero que cree tener todo el derecho del mundo a ver al niño o niña que ha ayudado a procrear, pero a cuyo lado nunca estuvo. Parece que el hijo contrajera algún tipo de obligación o deuda hacia su progenitor.

He sido hijo de padres separados y ahora soy padre, y por éso sé que la más pura definición de un papá es el tiempo que uno pasa con sus hijos: éso es lo que cuenta al final.

¿Qué tipo de padre recordaría usted más, uno millonario que nunca estaba presente o uno muy pobre que pasaba mucho rato con usted y le daba el amor que necesitaba? Para mí, no hay ninguna duda sobre la respuesta.

Sin embargo, hay muchos factores que pueden interferir en la tarea de ser papá. Matrimonios turbulentos, separaciones, mudanzas, traslados laborales, resentimiento surgido en el hijo y el abundante lavado de cerebro que se suele hacer a los pequeños para que le odien.

Así que, si usted es un padre haciendo su mejor esfuerzo por ser un papá, ¿cómo puede superar todos esos obstáculos?

Haga todo lo que esté en su poder para mantener los lazos que ha establecido con su niño, no importa si éso significa seguirlo hasta Timbuktú y perder su trabajo, llevarse mejor con la madre del niño, o simplemente dedicar más tiempo a reforzar la relación padre-hijo.

Si algo aprendí de mi padre, es que las apariciones esporádicas y la ayuda brindada a dos mil kilómetros de distancia nunca satisficieron mi necesidad de tener un papá. Hoy, siendo un hombre de treinta y dos años, nunca me ha resultado tan evidente como ahora lo importante que es un papá en la vida de un niño. Mi humilde opinión es que yo habría sido mucho menos inseguro si mi padre hubiera estado junto a mí en mi infancia.

Cuando su hijo fue procreado, esa personita debe haberse convertido en lo más importante de su vida, y su prioridad habrá sido no romper jamás el voto de que siempre sería así. La responsabilidad de acompañar al hijo desde la concepción y, por consiguiente, reconocer su importancia, debe ser el factor primordial en la evaluación de sus capacidades como papá.

¿Cómo clasificar sus valores?

Dicho en pocas palabras, si usted pone sus prioridades por encima de las de su hijo, no está siendo un papá: sólo es el padre de la criatura, un simple donante de esperma para su concepción.

En vez de éso, comprométase a tomarse el tiempo necesario para conocer a su hijo y dejarlo que él le conozca, no importa cuáles sean las condiciones.

Con ésto en mente, estará cumpliendo el trabajo más importante de su vida, y ayudando a la vida que ha creado para que se transforme en una persona amorosa y equilibrada que transmitirá esos mismos dones a la próxima generación. Después de todo, ¿ser un papá no se trata de éso?