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Hace algunas décadas, la carrera laboral de la mayoría de los trabajadores llegaba a un punto culminante cuando les hacían fijos en la empresa y ya sabían que durante el resto de su vida podrían seguir en esa empresa y ascender poco a poco hasta que llegase el momento de jubilarse. Hoy ese privilegio queda reservado a la casta funcionarial y el resto de los trabajadores tienen muchas posibilidades de que su trayectoria profesional tenga notables altibajos.

Una de las circunstancias en las que un trabajador puede verse envuelto es un traslado forzoso.

Los traslados forzosos suelen darse en tiempos difíciles para empresa y trabajadores y es cuestión peliaguda negarse a ellos porque supone quedarse fuera de la empresa y tener que empezar de nuevo una carrera profesional en momentos complicados. Pero al margen del tema laboral hay otros dos aspectos fundamentales que complican el traslado: cómo afecta esto a la familia y qué se hace con la vivienda habitual.

En cuanto a la familia, va a depender fundamentalmente de si la pareja también trabaja y no puede acompañar al trasladado y de si existen otras relaciones familiares que es delicado romper como el cuidado de mayores. Los niños son el menor de los problemas porque se adaptan rápidamente a cualquier circunstancia. Incluso los adolescentes, que son propensos a complicarlo todo “por que sí”, aceptarán mejor el cambio si se les plantea como un reto a su madurez.

Mudanza

Después está el tema de la casa.

Si la vivienda ocupada hasta ahora es de alquiler, no hay más problema que el de una mudanza normal. Sin ningún género de dudas, la mudanza de una vivienda hay que encargársela a una empresa especializada. Todas las opciones de buscar amiguetes que echen una mano, alquilar una furgoneta (a veces hasta con conductor incluido) y hacerla uno mismo, son peores y, seguramente más caras que la opción profesional. Si va a hacer una mudanza, haga números de lo que cuesta alquilar una furgoneta, las cajas de cartón necesarias (¡son carísimas!), el plástico de burbujas para envolver y todo eso; verá que no le salen los números.

¿Y si la vivienda es en propiedad? Lo primero que hay que hacer es no precipitarse y evaluar todas las opciones. Mira, por ejemplo en esta página ComproVendoPisoCasa.com, puedes ver opciones de viviendas en esta web, agrupadas por provincias o por tipo de vivienda y analizar qué te conviene más. En ese sitio web puedes encontrar muchas ofertas que seguramente coincidirán con tu circunstancia y podrás ajustar en qué precios se están vendiendo y alquilando viviendas similares a la tuya y a la que te estás planteando alquilar o comprar.

El punto primero que hay que evaluar es si la mudanza va a ser temporal (sólo unos años) o definitiva.

En el primer caso, habrá que buscar la forma de alquilar la casa: llevarse los muebles y alquilarla vacía (este tipo de contratos suelen ser a más largo plazo)  o dejar nuestros queridos muebles para que los use otra familia. Es doloroso pero puede ser una buena opción.

En el segundo caso, no hay más opción que la venta; sin precipitarse, pero vendiendo. Es inútil empeñarse en mantener una vivienda a cientos de kilómetros a la que no vamos a volver y que nos está costando un dinero porque incluso si alquilamos, tendremos que desplazarnos constantemente para hacer contratos y reparaciones. Cuando sabemos que la mudanza va a ser definitiva, si tienes una hipoteca con un diferencial muy bajo, igual te interesa conservar la propiedad y alquilar la vivienda pero si tu hipoteca está en una divisa ascendente o tu diferencial es muy alto, deberías plantearte la venta de la vivienda.

En cualquiera de los dos casos, lo importante es hacer números, pero no de cabeza, sino realmente, hacer los números en una hoja de cálculo y teniendo como referencia los precios del un sitio web inmobiliario (como el de párrafos arriba) tomar una decisión fundada