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Las familias suelen pasar por un momento en el que se plantean cambiar de vivienda o hacer una reforma integral. Suele ser una época en la que los hijos entran en la adolescencia y la casa parece quedarse pequeña y anticuada par las nuevas necesidades de la familia. En los años de esplendor que tuvimos en España en la década pasada, la opción siempre era sencilla: se pedía una hipoteca y se cambiaba de vivienda.

Hoy día los bancos ya no conceden hipotecas con tanta alegría y los trabajos suelen ser más inestables de lo que habían sido hasta ahora, de manera que hasta el contrato fijo ha dejado de ser una señal inequívoca de estabilidad a largo plazo. Por eso, muchas familias se están planteando reformar su vivienda en vez de comprar una nueva pero el problema es cómo se va a abordar la reforma con la familia dentro.

Hay que considerar tres variables:

a) la antigüedad de la vivienda y la profundidad de la reforma

Si tiene una vivienda anterior a 1984, es posible que esté pensando en una reforma integral de la vivienda y ésta realmente la necesite porque hasta ese año muchas de las construcciones no reunían algunos de los requisitos que hoy consideramos esenciales. No es ya sólo que los edificios estuviesen diseñados para resistir los terremotos (que desde entonces ya lo están) sino que, por ejemplo, las calefacciones centrales de los edificios anteriores a esa fecha funcionan “en columna”, de modo que todos los pisos comparten una instalación vertical para cada radiador (el radiador de la cocina, por ejemplo, comparte instalación con los pisos superiores e inferiores) mientras que desde entonces cada piso tiene una entrada única de calefacción desde la que distribuye el calor a todos los radiadores de la vivienda. Una instalación nueva (tras levantar los suelos, le permitirá instalar un contador y pagar a la comunidad de propietarios sólo el calor que efectivamente consuma.

Una vivienda de esa antigüedad seguramente tendrá un cuarto de baño que necesite una reforma a fondo y e incluso cañerías de plomo y aunque fuesen de hierro o de cobre, seguramente después de tantos años presentan oxidaciones y en algunos puntos estará próximo el día en que cedan a la presión del agua y ocurra el clásico desastre en nuestra vivienda y en la de abajo.
Es fundamental que planee de antemano si va a intervenir en las cañerías de su vivienda porque es casi imposible hacer convivir viejas instalaciones con las nuevas cañerías de PVC; es decir, que como toque una cañería, prepárese para cambiar toda la instalación o tendrá que elaborar un plan detallado con su fontanero sobre cómo cambiar sólo las cañerías de los cuartos de baño, por ejemplo, sin tocar el resto.

Las instalaciones eléctricas antiguas no son ya sólo obsoletas sino que en muchos casos son peligrosas porque no se diseñaron para resistir consumos de varios miles de vatios hora. Las cocinas eléctricas, los aparatos de aire acondicionado o los calefactores de baño pueden recalentar una instalación antigua hasta el borde del incendio.

Tampoco hay que desdeñar el coste económico que supone el mal aislamiento que proporcionan las puertas y ventanas antiguas y que se traduce en una perdida de frio y de calor que cuesta mucho dinero reponer.

b) el presupuesto disponible

No se haga ilusiones: reformar integralmente la vivienda es caro. Por eso, lo de plantearse si vale la pena abordarla de una vez o por fases. Pida, además, bastantes presupuestos; algunas empresas ni le responderán así que para obtener tres o cuatro presupuestos viables debe pedir por lo menos el doble.

En cualquiera de los dos casos, recuerde que es imprescindible tener un plan. En caso de no abordar la reforma integral de la vivienda, es necesario hacer el proyecto de reforma integral e irlo ejecutando por habitaciones cuando se pueda ir afrontando el gasto. Lo que no se deba hacer en ningún caso es embarcarse en la reforma de la cocina sin saber si el año que viene se van a levantar lo suelos de la casa o se van a cambiar todas las ventanas porque nos podemos encontrar con que elijamos un suelo exclusivo para la cocina que no siempre está disponible y que después nos instalemos una caldera de gas para calefacción y  tengamos que volver a levantar el suelo de la cocina para pasar las tuberías pero esos azulejos ya no se puedan reponer.

Existen sitios web que le pueden ayudar en este proceso. En Quotatis, por ejemplo, puede pedir presupuestos para la reforma integral de su vivienda o sólo de la cocina o para el cambio de puertas y ventanas y se los darán profesionales de su zona acostumbrados a competir y a que sus servicios sean evaluados. Hágase una carpeta para ir archivando toda la información y presupuestos antes de contratar nada. Cuanta más información tenga, más acertada será su elección.

c) la posibilidad de financiar la obra

Si usted no ha conseguido ahorrar para costear una parte importante de la reforma, un préstamo bancario es demasiado arriesgado y tal vez debería asumir que por ahora tendrá que conformarse con reformas cosméticas como cambiar las ventanas o las puertas.

Cuestión distinta es que le falte un pico para pagarlo todo o que, teniéndolo todo, le falte algo para alquilar una vivienda donde esperar a que se termine la obra. Entonces sí puede embarcarse en un préstamo personal ¡nunca con tarjetas de crédito de pago aplazado con intereses del 25% anual! Si es propietario de una vivienda y ha conseguido ahorrar para afrontar la reforma de su casa, es porque tiene Ud. la capacidad económica que los bancos consideran suficiente para un préstamo personal de cinco, diez o quince mil euros; más allá de eso, se tendrá que adentrar en el proceloso mundo de las hipotecas.

Resumiendo: sea realista y analice qué reforma necesita su vivienda y hasta dónde se puede Ud. permitir la reforma. Cuando lo sepa, obtenga varios presupuestos. Y después, paciencia, mucha paciencia.