Niños no amados
 
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Ni amados ni queridos

 


Desde que iba al jardín de niños supe que mi madre era un poco extraña. No parecía normal, pero cuando uno es tan pequeño, ¿cómo sabe lo que es normal?

Mi hermano, cuatro años mayor que yo, parecía no estar nunca en casa. Nunca tuve una conversación con él, y ya estoy en los cuarenta y pico. Él nunca se interesó por conocerme, o por incluirme en su vida. Era alguien que estaba allí, pero nuestra existencia carecía de mutuo significado.

Vivíamos en la misma casa, pero éramos casi como huéspedes de hotel. Él siempre salía con sus amigos. Yo no conocí a ninguno de ellos hasta los años de la universidad, pero aún entonces no me importaba.

Mis padres y mi hermano nunca fueron capaces de expresar amor ni emociones. Cualesquiera fueran sus sentimientos, sólo se manifestaban bajo la forma de una severa negatividad. Mi madre siempre estaba llorando por un motivo u otro. Parecía odiar su vida, aún cuando nadie le exigía nada.

Las actividades de mi madre se limitaban a bajar al sótano y gritarle a la lavadora, hablar con la mujer de la limpieza al mediodía y mirar televisión. Su único objetivo en la vida era adivinar qué había para la cena y qué habitación había que limpiar.

Estaba obsesionada con la limpieza. A veces se ponía de rodillas sobre el suelo y rascaba las baldosas a mano. Pero nunca estaba satisfecha con los resultados. Todo estaba siempre sucio; incluso minutos después de haber limpiado, a ella le parecía que había que limpiar de nuevo.

Me llevó casi toda la vida comprender que mi madre y mi padre estaban mentalmente alterados. Mis padres vivían con desahogo gracias a la herencia de mis abuelos maternos. Mi padre era un fracasado que se la pasaba pagando deudas, pero mi abuela gustosamente le daba dinero en forma periódica para todo lo que necesitara.

Sospecho que mi padre, cuando advirtió éso, nunca volvió a hacer un esfuerzo. Mi abuelo trató de obligar a mi padre y a mi tío a emprender negocios juntos, pero ése fue siempre un objetivo volátil. Mi casa completa era algo volátil, con temperamentos explosivos surgiendo de todas partes. Siempre se oían voces altas chillando, diciendo tacos y dando portazos y arrojando objetos con ira incontrolable. Yo vivía temblando.

Mis padres siempre tuvieron una enorme dificultad en comunicarse con la gente, y ésa fue una de las causas de que no tuvieran ninguna vida social.

Mi madre se pasó la mayor parte de su vida mirando televisión. Siempre estaba enferma de una cosa u otra. Sus enfermedades no eran lo bastante fuertes como para impedirle hacer su propia vida, pero ella no lo intentaba, o era muy débil mentalmente para hacerlo.

Mis padres adoraban a su hijo varón, y él creció siendo cada vez más egoísta, inflexible, hostil, arrogante, ambicioso, verbalmente abusivo, materialista y mucho más. Se casó con una mujer de iguales virtudes.

Yo estuve emocionalmente sola y busqué atención y amor fuera de mi hogar. No había nada de amor dentro de él. Mis abuelos me dieron todaslas cosas materiales que necesité para sobrevivir. Pero me sentía vacía, sufría de angustia severa, depresión y una autoestima inexistente.

Llegué a la edad de casarme, y tuve muchas relaciones horribles, pues yo me acercaba a perdedores como mi padre y a hombres que me maltrataban física y verbalmente, como en mi propia casa.

Por primera vez en mi vida conocí a un hombre que podía vivir de su trabajo, que era amable, confiable y asertivo, y es el que hoy cuida de mí. Para mí, ha sido un milagro. Pensé que estaba condenada a sentarme frente al televisor con las luces apagadas, igual que mi inútil madre.

No se alegraron por mi boda. No me hicieron ningún regalo ni me organizaron una fiesta. Hace dos años tuve una cirugía importante y mi madre ni siquiera me llamó para saber cómo me encontraba. Ella ha tenido tantas operaciones en su vida temerosa y yo siempre la visité. Cuando mi padre enfermó, fui a verlo cada día.

En el fondo, mi hermano temía que mi marido "robara" la fortuna y la casa de mis padres, y su "herencia". Mi madre había heredado su dinero de SU madre, y de éso vivía mi familia. Su hijo había gastado dinero durante tantos años y había acumulado tantas deudas por su extravagante estilo de vida, que constantemente pedía más y más dinero. Encontró la forma de quedarse con todo.

Ahora mis padres son mayores y viven en su casa, porque han perdido todo lo que tenían a manos de su hijo malcriado. Y han olvidado que tenían una hija, o han decidido olvidarlo.

Nunca me prestaron mucha atención, de todos modos, en todos estos años. Pero, ¿saben qué? Tengo suerte de haberme librado de esa cuerda alrededor de mi cuello. Me ocupé de todos sus caprichos de vejez. Ahora es su amado hijo quien está buscando la forma de deshacerse de ellos mientras dilapida sus ahorros inescrupulosamente.

Pero hablaré de ésto en la segunda parte. Hasta entonces...

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