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Un placer para la vista

Este año por primera vez me he visto envuelta en el papel de madre de alumno en el colegio de mis hijas. He llevado a mis hijos de cuantro y nueve años a su primer baile en el colegio. Nunca pensé que tendrían un primer baile a una edad tan temprana. ¡Y los acompañé gracias a mi insistencia, que querían ir solos!.

Casi no pude ver a mi hijo en toda la fiesta. Estaba charlando con sus amigos, demasiado "guay" como para sentarse con su madre y su hermana pequeña. Pero no me importó lo más mínimo. Disfruté de veras las dos horas que duró la fiesta simplemente observando a mis niños pasándolo estupendamente.

La fiesta tenía de todo: un DJ, luces discotequeras, altavoces, y la música más bailable del momento. Mi hija andaba tímida, como de costumbre suele estarlo en las fiestas, hasta que empezó a sonar una de sus canciones favoritas. Sólo tardó un par de segundos en transformarse en la pista de baile junto con las compañeras de clase de baile de mi hijo. Había más niñas de su edad alli, pero no tenían ningún interés por bailar. Mi hija demuestra una auténtica pasión por la música, el ritmo, y una vez que empieza no puede parar.

Durante mi infancia, yo era calladita, tranquila, reservada y tímida. Jamás me hubiera puesto frente a nadie a hacer algo a lo que no estuviera realmente obligada. ¡Creo que no pisé una pista de baile hasta cumplidos los dieciocho años!. Tuve una infancia feliz, pero lamento mi timidez. Para mí es maravilloso ver cómo mi hija se comporta actualmente de un modo tan natural y abierto, y haré cuanto esté en mis manos para alentar esa característica suya, para que se haga una persona fuerte, independiente y orgullosa de sí misma. Podía verlo en su cara, esa mirada del que sabe que hace lo que más le place, sin importarle lo más mínimo lo que piensen los demás, ¡simplemente disfrutar de bailar!.

Empezó a pedirle sus canciones favoritas al DJ. Se perdió en un mundo de música y movimiento con una sonrisa de oreja a oreja. Estoy segura de que había olvidado todas sus preocupaciones, y que habría bailado durante días en aquella pista de baile si yo se lo hubiera permitido. La niña que aún permanece en mi interior le envidiaba mucho en aquellos momentos en que permanecí observándola.

Fué una verdadera lección, nuestros hijos son seres individuales, y no personas sobre las que tenemos un control absoluto. Ella es tan distinta a mi, en tantos aspectos. Puedo hacer todo lo humanamente posible por intentar ser para ella un modelo a seguir pero, al final, saldrá a flote su propia personalidad. Y la verdad, siendo honestos, creo que la mayoría de los padres reconoceremos que hay rasgos de nuestra propia personalidad que no queremos que nuestros hijos hereden. Mi propia timidez e inseguridad son los defectos que no quiero que pasen a mi hija y, por lo que llevo visto, mi hija se ha librado de tal herencia.

Ah, por cierto, ¿he dicho que mi niña baila de maravilla?. Realmente tiene sentido del ritmo, puede bailar a su aire, improvisando los movimientos, y no es amor de madre es que lo hace muy bien. Mi niñita de cuatro años bailaba como mínimo igual de bien que cualquiera de las otras niñas. Creo que se estaba luciendo para sí misma, disfrutando no sólo de bailar, sino de hacerlo en un sitio distinto al salón de casa. Por supuesto, no soy imparcial con respecto a su talento sobre la pista de baile, ¡pero sí les garantizo que era la mejor bailarina de su edad en aquella fiesta!



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