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¿Controlar o no controlar a los hijos cuando navegan por Internet?… ésta es una pregunta que se formulan millones de padres. Por un lado, los programas de software para controlar el comportamiento on-line de nuestros hijos son una tranquilidad para los padres atareados. Por otra parte, los padres deben ser muy cuidadosos al momento de confiar en la tecnología para cuestiones tan delicadas como el control de los hijos.

Los adolescentes tienen pueden acceder a Internet libremente desde el colegio, las casas de sus amigos, bibliotecas e incluso teléfonos móviles y consolas de vídeojuegos. Internet está en todas partes, por eso los niños y adolescentes (y también sus padres) deben estar alertas de los peligros que implica a fin de evitarlos.

Aquí citamos algunos datos provenientes de una encuesta realizada por organismos americanos dedicados al estudio de estos temas:

El 64% de los adolescentes admiten que los jóvenes realizan actividades por Internet que sus padres no les permiten (y el 64% de los padres lo sabe). Estas “actividades” habitualmente están relacionadas con las visitas a sitios que los padres consideran “cuestionables” o “inadecuados”, por ejemplo, los que exhiben el así llamado “contenido para adultos”. Y por supuesto, el chateo.

Lo que los menores dicen durante las sesiones de chat, con quiénes se comunican y qué cuelgan en los weblogs y otros sitios públicos de Internet puede ponerlos en problemas mucho más serios que mirar páginas porno.

El 81% de los padres de adolescentes que usan Internet saben que sus hijos no toman suficientes precauciones cuando dan información personal on-line. El 79% de los adolescentes reconoce que ésto es cierto.

Algunos adolescentes envían su nombre completo, dirección postal, números telefónicos, fotografías y mucha información personal a distintos sitios web. Ésto permite a los depredadores de la red identificar a estos chicos y localizarlos fácilmente.

Desgraciadamente hay muchísimos depredadores en la web. A veces inician de inmediato conversaciones de carácter sexual con los niños. Hay que explicarles a los niños y adolescentes que deben cortar estas conversaciones de inmediato, así estarán relativamente a salvo, excepto por el daño emocional y moral que pueda haberles causado esa charla.

Pero hay otros individuos más peligrosos. Atraen poco a poco a sus víctimas mostrándoles atención, afecto, bondad, e incluso enviándoles regalos. Estos individuos suelen dedicar mucho tiempo, dinero y energía en el proceso. Escuchan a los niños fingiendo comprender sus problemas. Incluso están bien informados sobre las últimas novedades en música, entretenimiento, aficiones e intereses de los niños. Tiempo más tarde, estas personas pueden conseguir un encuentro en persona con el niño… ya puede imaginarse con qué intención.

Este tipo de delitos va en aumento, así que se han creado unidades especiales donde los agentes de la ley disponen a los niños como anzuelo en salas de chat para “cazar” a los posibles depredadores on-line. El problema en los Estados Unidos, por ejemplo, se ha vuelto tan serio que el FBI ya lanzó allá por 1997 un programa de prevención de crímenes contra los niños.

Existen reglas que nuestros hijos deben aprenderse de memoria: no creas en todo lo que te dicen en la red; cuando chatees, nunca reveles tu nombre, edad, fecha de cumpleaños, año de graduación, sobrenombre u otra información personal.

Los padres deben hablar con sus hijos sobre los peligros de la red. Deben animar a los niños a que les cuenten sobre sus contactos on-line, sin que teman ser regañados o castigados.

Pero… ¿hay que usar software de vigilancia? Es una pregunta difícil. Si se usa bien, el software que permite control paterno de la red es una buena herramienta. Mi opinión es que el software de vigilancia es una “medicina fuerte”. Como cualquier medicina, tiene sus efectos secundarios que pueden ser peores que la enfermedad. Cualquier medicina usada en exceso puede dañar. El monitoreo de la web debe ser el último recurso cuando todos los demás se han agotado.

Usted puede instalar el software de vigilancia si siente que está perdiendo el control de la situación, o ya lo ha perdido. Por ejemplo, si su hijo adolescente se aparta por completo de la familia. Usted no conoce a sus amigos, nunca los ha visto e incluso duda de su existencia. No sabe con quién suele chatear. Recibe llamadas telefónicas de gente que usted no conoce, o hace llamadas telefónicas de larga distancia a números que usted no puede identificar. Recibe cartas, regalos o paquetes de gente que usted nunca ha oído mencionar.

Cada día pasa horas frente al ordenador, especialmente por la noche. Cuando usted entra a su cuarto, cambia la pantalla. Tal vez haya encontrado material pornográfico en el ordenador de su hijo. Si éste tiene una cuenta de Internet compartida, comience a preocuparse.

No ponga el ordenador en el dormitorio de su hijo. Casi las tres cuartas partes de los ordenadores caseros están situados en la sala de estar, según la encuesta mencionada. Ésta es una medida muy sabia. Si su hijo navega por Internet en la sala de estar, será más fácil vigilar qué está haciendo en la web.

Y por supuesto, hay una inmensa variedad de programas de software para el monitoreo de la red. Sus propósitos van desde grabar el tiempo que el ordenador está encendido y apagado hasta registrar cada tecla que su hijo toque. Use uno de los últimos si está seguro de que es absolutamente necesario. Pero recuerde que su hijo puede ser técnicamente más listo que usted. Muchos niños saben cómo borrar el rastreo.

En cualquier caso, hágale saber a su hijo que usted se preocupa por su seguridad, tanto on-line como en la vida cotidiana