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| Empezar una huerta |
En los primeros pasos, las plantas pueden ser germinadas dentro de la propia casa, siempre que se siembren en una caja, en un tiesto o, específicamente en una almáciga. Para que las semillas arraigue y crezcan razonablemente, lo más adecuado es colocar la almáciga junto a una ventana en la que reciba, al menos, seis horas diarias de sol, lo que ayudará a mantener de paso la habitación templada en todo momento.
La arena lavada y la musgo triturado son dos excelentes bases para plantar las semillas. En primer lugar hay que colocar una base de suelo bien drenable(que pueda eliminar bien el agua) y sobre ella, una capa de un par de centímetros de arena o de musgo triturado y aplástelos un poco para que tengan un mínimo de consistencia y firmeza. Haga un surco con cualquier herramienta (sirve hasta una cucharilla de café ladeada) de poco más de un centímetro de profundidad; eche agua en este surco hasta empaparlo bien y después deje que el agua se filtre. Entonces coloque las semillas en el surco con una separación ajustada al tamaño futuro de la planta (un par de centímetros puede ser suficiente). Ahora debe cubrir el surco con una capa fina de musgo triturado o de arena de un dedo de grosor y, tras darle consistencia con unas palmaditas, cubrirlo con una tira de plástico (puede usar el rollo de plástico de envolver alimentos). Esta película de plástico difumina los rayos solares en toda la superficie de la tierra y ayuda a mantener constantes la temperatura y humedad del suelo que cubre.
Coloque ahora la almáciga en una ventana (cerrada) en donde pueda recibir al menso seis hora diarias de sol y dedíquese a otra cosa porque ahora las semillas lo tienen todo para arraigar y empezar a crecer ellas solas, momento en el que tendrán que ser transplantadas al huerto o a otros tiestos más grandes. Se las podría dejar crecer en la misma ventana pero lo normal es que se vuelvan demasiado grandes y pesadas y necesiten demasiados riegos como para no molestar (eso sin olvidar que NUNCA se deben dejar varias plantas en un dormitorio cerrado).
Una vez que hayan aparecido los tallos, tendremos que preparar las plantas para el transplante. Al contrario de lo que mucha gente piensa, el transplante no estimula el desarrollo de la planta sino que es una época de crisis para la planta, la cual necesitará cierto tiempo para aclimatarse a las nuevas circunstancias y en no pocos casos, perderá la batalla por la supervivencia.
El suelo al que vamos a transplantar nuestras jóvenes plantas debe ser fértil y húmedo. L más normal es hacer una mezcla de tierra con compost del que venden para jardín y, tal vez, una pequeña adición de abono.
El transplante en sí debe hacerse con la máxima delicadeza posible. No se trata de arrancar de cuajo la planta que se va a trasplantar e hincarla a las bravas en su nuevo suelo sino que con una pala debemos hacer una pirámide invertida alrededor del incipiente tallo y levantarlo sobre ésta, sin tocarlo. Con mucho cuidado lo insertamos en un hoyo de un tamaño un poco superior al de la pirámide invertida de la que antes hablábamos y lo completamos con agua, tal vez aderezada con fertilizante (ver las instrucciones del mismo para su mezcla y proporciones) y lo cubrimos con tierra dejando, obviamente, sobresalir al tallo.
Hay plantas que se recuperan mejor que otras de los trasplantes pero todas progresan mejor ¡con mucho cariño!
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