Si estás pensando en plantar flores o vegetales en tu jardín, lo primero que debes tener claro es el tipo de suelo con el que cuentas. Es fundamental para saber qué tipo de plantas son las apropiadas y que éstas, una vez plantadas, crezcan sanas. Recuerda que en el suelo es donde están las raíces y que éstas necesitan nutrientes y minerales.
Puede que haya clases o tipos de suelos: arenosos, arcillosos, etc. Pero lo que no hay son dos suelos iguales, cada uno tiene sus características y propiedades físicas y biológicas. Incluso, dentro del mismo, habrá zonas diferenciadas.
Para conocer en profundidad tu suelo debes analizar sus características más importantes:
La textura
Es decir, el tamaño de las partículas que tiene un suelo. Hay cinco básicas:
Textura arcillosa: predominio de arcilla.
Textura arenosa: Predominio de arena
Textura franca: Predominio de lo que llamamos limo. Sería una mezcla de los dos anteriores.
Textura franco-arenosa
Textura franco-arcillosa
La mejor forma de analizarlo es cogiendo una muestra y llevándola al laboratorio. Allí determinarán la proporción exacta de componentes.
Suelos arcillosos:
El principal problema de este tipo de suelos es que tienen muy mal drenaje y pueden permanecer encharcados durante días si llueve o riegas demasiado. La consecuencia de esto es que las plantas se pudren. Para mejorar el mal drenaje puedes intentar las siguientes soluciones:
Crear pendientes: Modelando el terreno de manera que consigas que el agua escurra hacia afuera de donde están las plantas.
Aportar arena: Con el fin de aumentar la porosidad del suelo. Lo normal son unos 2 o 3 metros cúbicos por cada 100m2 de superfície.
Aportar materia orgánica al suelo: La materia orgánica (estiércol, mantillo, turba, etc.) esponja, da una buena estructura al suelo y mejora la infiltración de agua. Si acompañas a la arena con esta materia orgánica, mejor que mejor.
Instalar tubos de drenaje: sin duda, la mejor solución. Es lo más eficaz. Se hace colocando tubos corrugados perforados especiales para este fin a unos 40-50 centímetros de profundidad, en zanjas de 50 cm. de ancho y separadas 2 ó 3 m. Dispones estos tubos en paralelo, conectándolos todos a uno que haga de colector principal y evacúe el agua.
Si es verdad que el tema del drenaje es preocupante en estos suelos, no lo es el del abonado ya que, si por algo se caracterizan los suelos arcillosos es porque retienen muy bien los nutrientes minerales.
A la hora de plantar, aporta una buena cantidad de mantillo o de turba, para esponjar el suelo y airearlo. Si además le echas arena de río, mezclándolo todo bien, ganará más.
Especies como lila, rosal, lirios, helechos o bambúes son especies adecuadas para este tipo de suelos.
Suelos arenosos
Al contrario de los arcillosos, estos suelos hay que regarlos con frecuencia ya que se secan mucho. Es aconsejable en este caso regar poco pero muy a menudo. El método por goteo es el mejor.
Es cierto que, al ser suelo muy secos, es difícil que algunas especies puedan crecer y aguantar la sequía. Pero, hay algunas especies que están acostumbradas a crecer sin agua apenas como las palmeras.
Tampoco es un suelo que retenga bien los nutrientes por lo que te aconsejamos que utilices fertilizantes de lenta liberación y que abones poco y frecuentemente antes que mucho de golpe.
El drenaje también suele ser muy bueno, a no ser que debajo de la arena haya una capa de arcilla. Para plantas que necesitan un buen drenaje son muy buenos, a condición de que no le falte el agua. Los céspedes, muchas plantas mediterráneas, cactus y crasas, por ejemplo son plantas que les va bien un suelo arenosos, puesto que no soportan el exceso de agua que se da con frecuencia en los suelos pesados, de arcilla. En el caso de los céspedes, los de campos de fútbol, a veces, están sobre arena casi pura.
|