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¿Azúcar o edulcorantes?

América y los americanos, Canadá y los canadienses, Europa Occidental y la mayoría de los europeos occidentales, nos enfrentamos hoy a una crisis de salud. Tenemos sobrepeso, no estamos en forma. Oh, no, no todos, pero sí la inmensa mayoría de la población de estas regiones. ¿Quién o qué tiene la culpa? Bueno, hay muchos culpables, pero uno o dos de ellos son los principales: el azúcar y el aspartamo (sucaryl).

El azúcar refinado es un horror para nuestras dietas, para nuestra nutrición y nuestra salud en general. El aspartamo es más dulce que el azúcar y se sabe que produce un desequilibrio en el sistema aún peor que el causado por el azúcar. Más aún, es un probado agente cancerígeno. Pero hay otro aspecto más del aspartamo, igualmente peligroso y de efecto mucho más rápido: puede causar alergias. Voy a hablar de un caso que conocí, el de Raúl F., alérgico al aspartamo.

Las alergias toman diversas formas. Hay personas que se brotan de urticaria. Otras sufren desorientación. Sé que existen otras reacciones, aunque no estoy familiarizado con ellas. Sin embargo, en el caso de Raúl, reacciona al aspartamo, sucaryl y su predecesor de la misma manera: le sube la tensión arterial. No un poco, sino muchísimo.

La presión arterial normal de Raúl es de 13 / 7. Con una ingesta diaria de aspartamo o sucaryl durante un mes, se eleva a 16 / 9. Si continúa consumiendo estos productos, digamos por dos meses, sube a 17 / 10. Éste es un terreno peligroso.

Pero no se trata de cuánto sube la tensión. Uno puede vivir perfectamente con una tensión alta, siempre que la mantenga bajo control. Hay medicamentos para bajarla. Pero para Raúl F. el aspartamo fue verdaderamente peligroso.

La eliminación del cuerpo de todo el aspartamo residual (me refiero a las sustancias alergénicas) lleva unos seis meses. Hace algunos años, Raúl tomó productos dietéticos durante seis meses. Se hizo un control médico y su tensión sanguínea había subido a 17/ 9: bastante alta. Dejó de usar aspartamo inmediatamente y regresó al azúcar. Al mes, su tensión había descendido a 15 / 8, pero a la semana tuvo su primer ataque de apoplejía. Fue muy leve. A los tres meses del control médico, la tensión de Raúl se había mantenido en 13 / 7, cuando tuvo su segundo ataque. Por suerte, muy leve también.

Los ataques fueron tan leves que no les prestó mucha atención y no fue al médico. Pero él y su mujer comenzaron a notar que la memoria de Raúl había sufrido algunos daños (se le olvidaban algunas palabras: nombres de personas, lugares y cosas, incluyendo el nombre de su calle) después de aquel último "malestar". Poco después, leyendo un artículo, comprendió que había sufrido dos ataques.

Por lo tanto, el azúcar refinado contribuye a la obesidad, con todos los riesgos que ella implica, o a la diabetes, o a ambas. Lo mata a uno lentamente. Y el aspartamo puede, con el tiempo (yo lo comparo con el hábito de fumar), causar cáncer y luego matar, dolorosa y nada lentamente. O, si como Raúl F., usted es alérgico al aspartamo, éste le puede causar a corto plazo un ataque de apoplejía o un ataque cardíaco y causarle impedimentos físicos tales como la parálisis. O la muerte.

¿Cuál es la solución? Pues limitar todo lo posible el consumo de azúcar (le aseguro que no es tan difícil). Y evitar por todos los medios la ingestión de aspartamo. Su salud depende de usted. Téngalo en cuenta.

Aclaración: Este artículo no debe ser considerado como "consejo médico" para el tratamiento de ninguna enfermedad ni como recomendación o acción acerca de producto alguno. Es simplemente una pieza informativa basada en un caso real.

Si tiene problemas de salud o necesita consejo sobre algún medicamento, debe acudir a su médico y seguir sus indicaciones. Si es necesario, pida una segunda opinión médica. Pero nunca tome ninguna medicación ni inicie ningún tratamiento de salud sin consultar al facultativo.


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