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La demencia es una afección mental que se deja sentir en las familias especialmente entre las personas de avanzada edad. En muchas ocasiones, la demencia no se revela como lo que es, sino como un conjunto de comportamientos peculiares y hasta rarezas del individuo.

Sólo cuando los comportamientos resultan inaceptables es cuando los miembros del entorno de la persona afectada comienzan a notar que algo no anda bien.

Por tanto, saber detectar a tiempo algunos de los comportamientos asociados a la demencia puede contribuir a mejorar la calidad de vida de la persona que la padece y hasta la de los de su entorno familiar que la sufren de manera indirecta. Y es que la demencia la sufre el individuo que la desarrolla, pero también quienes entran en contacto él y se relacionan con sus comportamientos..

La demencia se define como un síndrome que se adquiere y que desarrolla una degradación de las funciones intelectuales que se mantiene en el tiempo y que afecta a diferentes áreas de las funciones mentales.

La demencia se detecta por afecciones en la memoria, por trastornos en el lenguaje, por problemas en la capacidad de visualización y en la espacial, por alteraciones en las emociones, en la personalidad y en la capacidad de entendimiento, la cognición.

La demencia no es una enfermedad. Eso es algo que hay que tener claro. Se trata de un conjunto de síntomas que afectan a la actividad cerebral y que generan un bajo control de la personalidad, de las emociones, de la conducta y que, bajo determinadas circunstancias, puede llegar a desarrollar agitaciones, delirios y hasta alucinaciones.

Las personas que padecen demencia se ven limitadas para desarrollar actividades simples de la vida diaria, mantienen problemas de memoria, olvidan obligaciones, hasta las más rutinarias, pueden padecer afasias, problemas de lenguaje, dificultades de atención, para hacer efectivas respuestas funcionales, llegando a inhibirse.

Las pautas de comportamiento que implica la demencia puede llevar a la persona a ver afectada sus relaciones laborales o personales, a llegar a interferir seriamente en cada una de esas esferas.

La demencia crea conflictos en personas que no son capaces de controlar sus emociones, que tienen picos emocionales, individuos que unas veces se encuentran en un estado de hiperactividad emocional y otras sumidos en algo parecido a una depresión.

Las personas con demencia pueden frustrarse fácilmente, distraerse sin motivo alguno, no ser capaces de recordar dónde estuvieron sólo una hora antes, pueden olvidarse de nombres de familiares o de palabras y de conceptos que les son muy habituales.

Lo más curioso de la demencia es que el deterioro cognitivo no tiene porqué ser ni progresivo, ni siquiera irreversible. En algunos casos muy concretos, puede revertirse.

Si usted percibe que alguno de los miembros mayores de su familia ha desarrollado algún tipo de comportamiento inusual, repetitivo y poco coherente, pida consejo a su facultativo de confianza.

Si se trata sólo de una mala interpretación, usted dejará de preocuparse, si se trata de indicios de demencia, probablemente habrá llegado a tiempo para tomar las primeras decisiones sobre el trastorno.

Demencia, adiós a la salud mental.