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Los accidentes infantiles de los niños más pequeños se previenen con anticipación y sentido común. Anticipación para prever los riesgos, sentido común para hacerlo con conocimiento de causa y naturalidad.

Quizás una de las normas más básicas para evitar los accidentes de los niños es no dejarlos solos, especialmente a los más pequeños. Evitar que los niños jueguen solos pero también tener presencia física en el sitio en el que desarrollan sus movimientos. Se trata de prestar atención a lo que hacen, lo que vulgarmente se conoce como ‘echarles un ojo de tiempo en tiempo’ junto a ellos.

Estar atentos en piscinas, lugares con desniveles o en sitios donde ni nosotros ni ellos conozcamos lo que hay alrededor, como perros sueltos o riesgos que no estén a la vista.

Y hablando de lugares con agua, reconozcamos los espacios de juego previamente, de forma que las piscinas de adultos no sean accesibles, para que las de pequeños tampoco lo sean si no van acompañados y que pozos y estanques estén adecuadamente aislados y vallados.

Reconocerles desde muy pequeños esos riesgos potenciales que deben conocer, sin dramatismos, es una buena política educativa para con nuestros niños más pequeños.

Pero sigamos. Tenga mucho cuidado también con lo que no son juguetes, objetos de uso cotidiano que no están previstos para ser golpeados, para ser movidos o agitados como lo hacen los pequeños.

Por lo demás, con sus juguetes, la misma precaución, la de que no tengan piezas sueltas, que no ofrezcan superficies cortantes y de que son seguros, más allá de las consideraciones técnicas de los fabricantes que, como es evidente, no están en qué uso final se le ha dado al juguete y en qué estado de desgaste se encuentra.

Si son seguros o no, lo decidiremos nosotros. Y si no lo son, se los retiraremos al niño, su seguridad es mucho más importante que cualquier otra consideración ¿No cree?

Capítulo aparte son los juegos infantiles dentro del hogar. Deberemos supervisar los enchufes, los hornillos y hasta las estufas, y, en su caso, si no es posible tapar las tomas de corriente o apagar la calefacción, les deberemos vedar esos espacios con riesgo potencial de accidentes para sus juegos. Eso tampoco es negociable.

La cocina es otro de esos lugares en los que los niños pequeños no deben deambular sin un mayor que está cerca, vigilándolos. En la cocina, todo es potencialmente peligroso para ellos, desde los calderos y los sartenes, que pueden volcar, calientes o no, a cuchillos y productos químicos, o hasta el mismo calor y vapor de la combustión de aceites y demás que resultan ser peligrosos para sistemas respiratorios aún inmaduros.

Si los cuchillos deben estar bajo siete llaves, corten, tengan punta o no, los productos cosméticos, los medicamentos y las sustancias de limpieza, agentes químicos todos, son inaceptables en presencia de los niños.

Ni siquiera deben verlos con naturalidad, porque cuando sean mayores y la curiosidad está más desarrollada, y con toda su movilidad, querrán investigar aquello que no le supimos decir en su día que era un peligro. Ojo con eso.

Siete ojos y sentido común para evitar los accidentes infantiles.