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Autocontrol es la habilidad para mantener los comportamientos propios, los deseos o las necesidades evitando una recompensa inmediata a cambio de un beneficio posterior. El individuo tiene conciencia de cuán cerca está el objeto de su necesidad, pero deliberadamente hace el esfuerzo de postergar la recompensa.

Desde el punto de vista puramente conductual, el autocontrol es percibido por el individuo como una respuesta de la conducta positiva o negativa. Positiva cuando se asume como un beneficio para un beneficio posterior aún mayor. Negativa, cuando se considera una carga que se tolera por un mejor resultado final a posteriori.

El autocontrol puede ser una herramienta poderosa para garantizar conductas exitosas, sobre todo en situaciones de gran responsabilidad. Porque, de entrada, garantiza la importancia de la entrada en valor de lo trascendental o de lo importante que sólo se revelará a largo plazo, de lo inmediato y de lo urgente que es lo que se maneja a corto plazo.

El autocontrol se educa, se trabaja. Los especialistas hablan de que un individuo relajado, consciente y descansado estará en mejores condiciones para enfrentarse a la dualidad que le supone tener que elegir entre el ahora y las condiciones que se revelarán en el futuro.

Esa serenidad, esa tranquilidad permitiría un diálogo desprovisto de apasionamiento y de extremismos que garantizaría el éxito de la postergación de los beneficios. Los especialistas también recomiendan asumir la tarea con la mayor naturalidad posible, evitando tensiones interiores y conflictos.

Un ejemplo revelador. El acto de dejar de fumar puede ser un ejemplo claro de cómo gestionar el autocontrol. Dejar el tabaco supone para muchas personas un esfuerzo físico y mental.

El autocontrol se pone en evidencia en este caso cuando el individuo que quiere dejar de fumar va renunciando a toda una serie de hábitos que antes le eran muy comunes, como dejar de comprar las cajetillas, evitar fumar en las situaciones en las que antes lo hacía o rechazar cualquier invitación a fumar.

El ideal que se coloca por encima de todas estas decisiones individuales es la oportunidad de mejorar la salud.

El autocontrol está mucho más cerca de ser un motor del comportamiento de las personas que reúnen una serie de condiciones vinculadas al carácter, a la personalidad.

Entre estas se pueden citar la madurez, la coherencia en el comportamiento, el equilibrio emocional, la sinceridad y la honestidad con uno mismo, y, en la misma línea, el establecimiento de un buen diálogo interior.

Suele funcionar bien, dentro del establecimiento de un buen diálogo interior la toma de conciencia, la autoexploración. Una técnica que consiste en descubrir y valorar las opciones de las situaciones que se abren ante nosotros para validarlas y asumirlas como parte de nuestro comportamiento de autocontrol. Un compromiso con nosotros mismos.

Hablamos de reconocer el valor que tiene la postergación de las acciones, creernos ese beneficio y asumir la conducta de dejar pasar la oportunidad para esperar lo bueno que ha de llegar con paciencia si hace falta.