.

Seguro que cuando alguna vez se ha levantado por las mañanas su cuerpo no le ha acompañado en el gesto natural de salir de la cama, es como si un peso o un ancla lastrara sus músculos para evitarle ponerse en movimiento.

La depresión, el sufrimiento por problemas e emocionales no resueltos, pueden hacer que levantarse se convierta en una odisea para la que es más fácil renunciar que combatir y salir adelante. Pero hay maneras de darnos a beber esos tragos amargos, con cambios, simples cambios estéticos. Sí, estéticos, pero cambios que funcionan y que nos ayudan a encontrar una parte de la motivación que necesitamos.

Se sorprendería de las ventajas que tiene, por ejemplo, cambiar de lugar para dormir, de dormitorio, o aún más, hacer cambios en la posición de la cama o en la de las cortinas que dejan pasar o no la luz del día que nos viene de la calle.

Despertarse cada día contemplando el mismo diseño de cortinas del que conoce hasta los detalle de cada una de sus formas, sólo le devolverá esa deprimente sensación de que todo sigue igual.

Piense que los cambios no son sólo necesarios en la vida de una persona, sino que en un sentido puramente emocional, representan toques de frescura, son refrescantes, incluso cambios tan simples como esos, los de sustituir las cortinas que ya conocemos o la perspectiva que tenemos desde la cama. Haga cambios.

Esos cambios conseguirán retirarle la atención de su problema emocional y captarle el interés en otra cosa, de otra forma. Pero vamos a buscar soluciones ¿no le parece? Si se levanta con esa temida y hasta angustiosa sensación matinal, siga estos pasos.

Primero. Levántese de inmediato, no espere más en la cama, no hace nada allí, desactive el chip de los recuerdos duchándose, bebiendo algo caliente, desayunando, poniéndose esa música alegre que tanto le gusta. Y si el tiempo está bueno, salga a la calle, pero no espere en la cama a que le venga la inspiración para hacerlo, movilícese.

Segundo. No se quede en la cama hasta que sus sensaciones corporales le digan que ya se puede levantar. Usted es el que gobierna a su cuerpo, a su mente, y no al revés ¿Un esfuerzo de voluntad? Claro que sí, de eso se trata de ponerla en juego.

Tercero. Ya le hemos comentado que puede ser importante cambiar el sentido de la orientación de la cama, pero afine más. Cuando la reoriente, colóquela en la dirección de una ventana, de forma que pueda ver el exterior cuando se levante. Será un estímulo deseable. Esa visión le alentará.

Cuarto. Y ya que va a hacer cambios con la cama, que la va a mover de sitio, ¿por qué no hace otros cambios más radicales? Mueva todos los muebles de lugar, cámbielos de orientación, genere un nuevo escenario matutino para sus despertares. Eso será también un estímulo, téngalo por seguro.

Quinto. Un consejo que nada tiene que ver con los cambios físicos. Por encima de todo, haga el ejercicio de aceptar, de aceptar su situación. No se desmoralice por las mañanas esperando a que mejore su realidad. Y recuerde que una mañana que no arranca, que física y mentalmente puede ser difícil, no tiene porqué significar un día complicado y también difícil.

Cambios que funcionan como resortes para saltar de la cama.