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En estas líneas que siguen, podrá encontrar algunos argumentos que debería valorar para desarrollar cualquier proyecto. Se refieren a las variables más emocionales que juegan un papel nada desdeñable en cualquier iniciativa. Porque, si bien es verdad que las circunstancias influyen, las del entorno, también es cierto que nuestras capacidades humanas no se quedan atrás en el esfuerzo por batir los inconvenientes.

Y es que, para apoyar esas capacidades, tenemos lo que somos, lo que creemos que somos, nuestra confianza, las inciativas, las destrezas reconocidas. Todos factores personalísimos que juegan en el terreno de nuestra psique. Sacarle partido a esa fuerza es hacer por andar en la dirección del éxito. Vamos con esas consideraciones que debería tener en cuenta. Una a una.

– Fortalezas contra debilidades. Intente basar su desarrollo, el intelectual, el físico, el que sea, en sus fortalezas, no en sus debilidades. Si está atento, por ejemplo, a intentar desarrollar su capacidad para la música, pero está claro que ni sabe de interpretación, tal vez esté perdiendo el tiempo. Pero fíjese bien, si, en cambio, toma en serio alguna de sus habilidades innatas y las lleva aún más lejos, tendrá que recorrer mucho menos espacio para alcanzar sus metas, porque trabajar con lo que sabe y conoce le colocará en una posición de partida que no es cero, sino un lugar avanzado en su desarrollo que sólo deberá pulir, perfeccionar, optimizar, mejorar. Piénselo.

– Confianza en sí mismo. La confianza en uno es ese elixir que nos alentará el mejor trato para con nosotros mismos cuando las cosas no vayan todo lo bien que habíamos pensado. Todo proyecto tiene su proceso, su tiempo de maduración, sus estadios de desarrollo y los inconvenientes, los pequeños fracasos, se les suponen. Si su depósito de autoestima está suficientemente lleno como para encajar esos malos momentos, estará dando un paso de gigante y, mejor aún, se encontrará en inmejorables condiciones cuando las cosas vayan bien, exactamente como quiere.

– Persistencia. ¿Cómo es posible qué algunas personas con un nivel de conocimientos bastante limitado sobre la tarea que han decidido emprender consigan el éxito? La respuesta habría que buscarla en la constancia, en la capacidad de sacrificio de esas personas que han decidido un día y otro también sacar adelante su tarea con entrega y con reiteración, aunque sus puntos de partidas sean realmente mediocres. Unir constancia y capacidad para aprender sobre la marcha es también una buena combinación para el éxito.

– Acción. El éxito en lo que sea, en los negocios, en cualquier actividad deportiva, por citar las más comunes, se debe a algo tan elemental como la disposición de las personas a la acción. Si usted no se decide a actuar, sólo la casualidad, la suerte mal entendida y el azar tomarán el pulso de sus proyectos, pero no usted. Si realmente quiere llegar a algún sitio con éxito, tome las riendas de la acción para mover sus energías en la dirección en la que quiere que vaya todo. Nadie, ni nada lo harán por usted, por lo menos para atender a sus objetivos y necesidades.

– Cree un propósito. Crear un propósito para el éxito es tener un enfoque, una meta, un lugar al que llegar. El propósito, el fin, es algo así como una brújula que nos va marcando la orientación de las tareas que realizamos en nuestros proyectos. Una orientación que nos sirve para ajustar nuestro recorrido cuando nos desviamos, cuando nos salimos de la ruta. Un propósito nos encardina en la dirección correcta.

Aquí le hemos dejado algunas variables que tal vez debería tener en cuenta a la hora de sacar adelante sus iniciativas. Sin embargo, por encima de cualquiera de esas consideraciones, hay dos que resultan prioritarias, sea sincero consigo mismo y cuidadoso con las realidades que comparte. En dos palabras. Lo demás no viene solo, ya se lo hemos dicho, pero puede venir rodando si se atreve a ver las cosas como son y es honesto con usted.

El éxito se suda.