.

Diferentes estudios identifican a los pacientes que mejor responden a determinados tipos de fármacos
NUEVA ORLEANS (EE.UU.), 7 (De la enviada especial de EUROPA PRESS, Elena Avila)
El futuro del tratamiento del cáncer está en las terapias personalizadas, un objetivo que se presenta más cercano a la luz de los estudios que se presentaron en el Congreso Anual de la Sociedad Americana de Ontología (ASCO), que se celebra estos días en Nueva Orleáns (EE.UU.). El objetivo es identificar a los pacientes que responden a un determinado tipo de fármacos y optimizar sus resultados desde el principio.
En una rueda de prensa que abordo los principales avances en la material, el doctor Colomer, investigador del Instituto Catalán de Ontología, en Girona, presentó sus hallazgos sobre una alteración genética que pronostica la evolución de mujeres posmenopáusicas ante un tipo de tratamiento.
Una de las líneas en las que más se está trabajando en la investigación del cáncer es comprender qué provoca que un fármaco funcione en algunos pacientes y en otros no, o que en algunos aparezcan graves efectos secundarios y en otros se tolere perfectamente. La clave parece estar en pequeñas mutaciones genéticas; que los expertos intentan identificar con el esfuerzo «del que busca una aguja en un pajar».
Así lo explico el doctor Colomer, que ha conseguido acotar la mutación genética que «habla» de un buen pronóstico para las mujeres posmenopáusicas con cáncer metastático y hormonodependiente, tratadas con letrozol, un inhibidor de la aromatasa. Según aseguro Colomer, en este tipo de investigaciones el «factor casualidad» es fundamental ya que en el caso del gen relacionado con la aromatasa, existían 275 polimorfismos, de los que seleccionaron tres para estudiar y de ellos, uno ha resultado tener una clave.
INVESTIGACIONES Y MOLÉCULAS
Este tipo de investigaciones resultan cruciales como complemento de las nuevas moléculas que se están desarrollando, dado que suponen un enorme beneficio en algunos pacientes que en muchos casos no pueden identificar. En el caso del letrozol, un inhibidor de la aromatasa –utilizado en tumores de mama hormonodependientes– duplica su eficacia en el 30 por ciento de las enfermas con metástasis, que ahora se ha visto son las que tienen una variante en el gen de la aromatasa –CYP19–.
En estas mujeres, el tiempo medio hasta que el tumor volvió a crecer fue de 525 días frente a los 196 de las que tenían un gen «normal». El doctor Colomer quiere comprobar estos hallazgos en un estudio mas grande antes de generalizarlo a la población.
Estudios como estos nos acercan a una personalización de los tratamientos en cáncer, algo que, en su opinión, será «factible» de manera rutinaria, cuando las investigaciones estén avanzadas. «No sé cuándo podrán los test genéticos, pero en el conjunto del tratamiento será totalmente asumible», dijo, desmintiendo así que vaya a ser un avance que luego no se utilice de manera generalizada.
OTROS ESTUDIOS
Este tipo de investigaciones se están llevando a cabo en los tumores que tienen una mayor prevalencia –mama, pulmón y colon–. Durante la misma rueda de prensa se presentaron otros estudios relacionados con el tema. También en el área de mama, el equipo del Dennis C. Sgroi, de la Universidad de Harvard, encontró dos genes relacionados con el riesgo de recidiva en mujeres con un tumor mamario y que habían sido tratadas con tamoxifeno, una sustancia muy utilizada en estos tumores.
Concretamente vieron que las que tenían una elevada expresión de los genes HOXB1 y IL17BR tenían un elevado riesgo relativo de desarrollar metástasis en los cinco anos siguientes a su diagnostico.
En la actualidad el doctor Sgroi esta llevando a cabo estudios mas grandes para confirmar estos hallazgos. De resultar en la misma dirección, la investigación podría abrir la puerta para desarrollar un test basado en la genética que determine si esta terapia tan utilizada para el cáncer de mama va a resultar efectiva a medio plazo.
Por otro lado, la doctora Vered Stears, de la Universidad de Medicina Johns Hopkins, en Baltimore, presento los datos de un estudio que relacionó una variante en el –CYP2D6– con una menor respuesta al tratamiento con tamoxifeno.
TUMORES DE PULMÓN
En tumores de pulmón, el doctor Thomas J. Lynch, del Massachussets General Hospital cáncer Center presento un estudio que explicaba los «espectaculares» resultados del genotinib –fármaco para los tumores de pulmón de célula grande– en el 12 por ciento de los pacientes que lo tomaban. Hasta ahora solo habían podido comprobar que funcionaba mucho mejor en mujeres, en personas con adenocarcinomas y en japoneses. El equipo del doctor Lynch ha demostrado que en realidad se debe a una mutación en el gen EGFRD, que provoca una serie de reacciones en contacto con el fármaco que potencia su respuesta.
Igualmente, la Rebecca Sulk, de la Universidad de Harvard, presento los resultados de un estudio que intentaba encontrar una respuesta genética para los efectos secundarios severos que presentan algunos enfermos tras el tratamiento de tumores de pulmón de célula grande con radiación y quimioterapia basada en platino.
En un estudio con 147 enfermos con cáncer avanzado o metastático, se consiguió relacionar una variante del gen ERCC1 con los pacientes que toleran peor este tipo de quimioterapia, al tener menos capacidad para reparar el tejido dañado.