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MADRID, 1 (EUROPA PRESS)

Los productos que se vendan rebajados tienen que ser nuevos y sin defectos, ya que los derechos de los consumidores no disminuyen en la temporada de rebajas. La única diferencia que se debe notar es la disminución del precio del artículo que se compre, no la de calidad, según la Asociación de Usuarios de Servicios Financieros (Ausbanc).

El comercio, según la organización, no puede poner a la venta productos que no se hayan comercializado anteriormente a precio normal, por lo menos un mes antes del inicio de las rebajas. Además, los artículos en rebajas tienen que ser nuevos y sin ningún defecto y el comprador tiene los mismos derechos que en el resto del año disponiendo de las vías de reclamación establecidas para dirigirse al establecimiento en caso de que el bien adquirido sea defectuoso.

Los comerciantes obtienen en rebajas aproximadamente el 20 por ciento de sus ingresos anuales. Sin embargo, un 13,8 por ciento de los consumidores asegura no acudir a las tiendas en época de rebajas por considerar que no ahorran debido a que se compran cosas que no se necesitan por el simple hecho de estar baratas.

Asimismo, en el etiquetado de los productos debe aparecer obligatoriamente el precio anterior junto con el precio reducido. Los productos rebajados tienen el mismo plazo de garantía que en la temporada normal de forma que el consumidor tiene el derecho a devolverlos en el caso de que adolezcan de algún defecto.

Por otro lado, los comerciantes que en cualquier otra temporada acepten el pago con tarjeta, también deben aceptar este medio de pago en época de rebajas sin repercutir ningún recargo al comprador. En el supuesto de que no admitan tarjetas en las rebajas, el establecimiento deberá advertirlo a través de un cartel o tapando las pegatinas distintivas de las diferentes tarjetas admitidas. Esto, sin embargo, se puede considerar una mala práctica comercial que debería ser sancionada, puesto que perjudica claramente a todos los consumidores.

La regulación de las ventas en estos periodos está contemplada en la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista y establece dos temporadas al año: una a principios de año y la otra en el periodo estival, cuya duración, en cada una de ellas, no podrá ser inferior a una semana ni superior a dos meses. La fecha de inicio y finalización serán fijadas por cada comunidad autónoma.