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En Cantabria, un 40 por ciento de los partos de mujeres mayores de 45 años son prematuros

SANTANDER, 6 (EUROPA PRESS)

Aproximadamente un nueve por ciento de los partos que se registran en España en la actualidad son prematuros, cifra que, a juicio de los expertos que durante esta semana discuten en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre el «Impacto social de la prematuridad», convierte a este problema en «uno de los más importantes» a los que tiene que hacer frente el sistema sanitario.

De este modo, Eduardo Cabrillo, jefe de Sección del Servicio de Obstreticia y Ginecología del Hospital Universitario La Paz (Madrid), subrayó la «gran subida» de la prematuridad registrada en España en los últimos años. Agregó que, si bien en Estados Unidos estas tasas son superiores, de un 12 ó 13 por ciento, «en Norteamérica los registros sanitarios y sistemas de seguimiento son mucho más perfectos que en nuestro país».

Como causas de este «extraordinario incremento» de la prematuridad, Cabero se refirió a los aumentos de los embarazos adolescentes y de mujeres mayores de 40 años. En lo que se refiere a este último grupo, Cabero, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de honor de la Sociedad Española de Ginecología y Obstreticia, destacó que «aunque en este momento desde los medios de comunicación se esté dando el mensaje contrario, a partir de esas edades la problemática se incrementa». «Como muestra, simplemente decir que en Cantabria un 40 por ciento de los partos de mujeres de más de 45 años son prematuros», agregó.

Por su parte, José Zamarriego, presidente de honor de la Sociedad Española de Ginecología y Obstreticia, hizo hincapié en la necesidad de definir «hasta qué punto conviene el sacar adelante estos embarazos» y, en este sentido, se refirió a las «gravísimas indemnizaciones» impuestas a algunos facultativos por lesiones neonatales. Así, abogó por que «la toma de cualquier decisión «esté siempre apoyada en el consentimiento de la familia» y en la elaboración de «historias clínicas que revelen que ha existido esa conformidad».

Para poder «minimizar» la prevalencia de este problema, Zamarriego apostó por «un enfoque multidisciplinar» y, en este sentido, apuntó que «aunque la medicina y las técnicas avanzan, los éxitos terapéuticos disminuyen como conscuencia de la mayor fragilidad del feto».

En relación con esta idea, Cabero aseguró que la «a menor tamaño del neonato, más posibilidades hay de que éste desarrolle complicaciones neurológicos y sensoriales» y, de esta manera, apuntó que por debajo de las 26 semanas de gestación, las posibilidades de mortalidad del feto rondan un 25 ó 30 por ciento, mientras que por encima de las 32 semanas, esta tasa se reduce hasta un 10 ó 12 por ciento.