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MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

Entre un 5 y un 10 por ciento de los niños españoles en edad escolar padece de un trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), uno de los problemas «más prevalentes» dentro de los diagnosticados clínicamente como «niños difíciles», aquellos con dificultades de adaptación en el medio escolar, familiar o social y cuyos problemas se acrecientan con el estilo de vida actual y la falta de atención. En verano, cuando ya no hay colegio, nos enfrentamos además a la dificultad de no saber qué hacer con estos niños y adolescentes que requieren de una especial atención.

«Hoy en el mejor de los casos, uno de cada 20 escolares en las áulas de cualquier colegio de España puede estar afectado por el TADH, diagnosticado o no», según explicó a Europa Press Televisión el Dr. Francisco Javier Quintero Gutiérrez, psiquiatra de la Unidad de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz.

El niño que sufre el TADH reúne tres síntomas fundamentales: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. El primero de ellos describe la dificultad de los «niños difíciles» para mantener la atención de forma adecuada en el colegio, lo que deriva en un mal rendimiento escolar y en importantes dificultades en el aprendizaje.

La hiperactividad origina su conducta difícil, que suele ser «mal entendida por los padres y en la mayoría de los casos por los colegios, pues es un chico que no para quieto» y al que a veces no se sabe tratar. Y como tercer rasgo, la impulsividad le lleva a actuar «sin filtro intermedio entre el pienso y actúo, es decir, una acción-reacción y, aunque luego se arrepientan, les introduce en esa dinámica de responder de forma impulsiva» que dificulta sus relaciones sociales.

El actual estilo de vida, marcado en numerosas ocasiones por la escasa presencia de los padres en su vida cotidiana, y más en las familias monoparentales, repercute especialmente en estos niños y adolescentes mientras aumenta el número de casos tratados en las unidades de salud mental y en las consultas de psiquiatría y de psicología clínica infantil y juvenil. «La sociedad está repartiendo de forma uniforme la educación de nuestros pequeños. Antes eran los padres los que educaban y ahora los abuelos, quienes están desempeñando día a día un papel muy importante en la educación de los nietos», defendió.

CONSTANTES EN LAS NORMAS, TAMBIÉN EN VERANO

Una de las claves en la atención de los «niños y adolescentes «difíciles» es el establecimiento de las normas. Por ello, para Quintero es importante que «haya uniformidad» y hacerles ver que «lo que es bueno hoy, lo será mañana y lo que es malo hoy será malo también mañana, independientemente de que sea el padre, la madre o el abuelo u otra persona la que intente justificar esa norma de conducta al niño».

Para Quintero el verano es «la época típica de enviar a los chavales con los abuelos durante una temporadita». De esta forma, los abuelos «aprovechan para estar con los nietos durante ese mes en verano, les dan todo eso que no les pueden dar, y aparte les dejan hacer todo lo que quieran», sin darse cuenta de que «hay que ser constantes en las normas y en las formas» para evitar conflictos y desajustes en su conducta.

Asimismo, es importante un diagnóstico correcto antes de iniciar cualquier tratamiento a un niño con los síntomas del TDAH. «Hay que tener claro qué es lo que le ocurre y que otros síntomas alternativos explican esta conducta y después empezar a tratarlo para suplir sus carencias», antes de que acarreen importantes secuelas, que en el 60 por ciento de los casos persisten en la edad adulta.

VIOLENCIA PSICOLÓGICA Y «MOBBING»

Por otro lado, hay que destacar que durante el periodo escolar hace años se comenzó a apreciar en las áulas episodios de violencia psicológica por parte de algunos de estos «niños difíciles». Un problema añadido al de la educación y a los obstáculos para el aprendizaje.

«En clases de grupos cerrados y muy homogéneos siempre había un niño que era el diferente, el más estudioso, víctima del acecho psicológico del resto» pero ahora se conoce, a través del «mobbing» (acoso laboral), un cambio de dirección en esta violencia psicológica que se produce «de abajo a arriba, es decir, desde los alumnos a los profesores», y muchas veces «con el apoyo de los padre», denunció.

TRATAMIENTO COMBINADO

Hoy por hoy, en su opinión, el único tratamiento indiscutible es el psicofarmacológico (con «metilfenidato»), combinado con procesos psicoterapéuticos para «reeducar al niño en algunas habilidades para el manejo del día a día como mejorar su facultades cognitivas y su atención». De esta forma con un tratamiento correcto estos niños «no tiene por qué ser en absoluto distinos a cualquier chaval», subrayó.

«Muchas veces cuando hablamos con los padres de un niño de estas características enseguida se alarman pese a que no hay ningún problema y con un adecuado seguimiento su comportamiento es normal a medio y corto plazo, si somos capaces de suplir sus carencias», apuntó.

El problema se produce cuando estos adolescentes no son tratados de forma precoz y empiezan a presentar otro tipo de enfermedades como «trastornos disociales de conducta importantes, muy típicos» y que «requieren de centros especiales donde sean más rígidos con las normas que a estos chicos les cuesta tanto asumir», según explicó.