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Miguel Navarro critica la falta de estudios sobre los efectos que los compuestos cannabinoideos provocan en el organismo

LAREDO, 8 (EUROPA PRESS)

«Un cuatro por ciento de la población mundial ha consumido en alguna ocasión cánnabis, pero tan sólo el nueve por ciento de todos los que lo consumen son adictos». Así lo explicó hoy Miguel Navarro, profesor de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid, con motivo de su intervención en el curso de verano «Uso recreativo de drogas», que se celebra esta semana en Laredo en el marco de la programación estival de la Universidad de Cantabria.

Las características de la planta del cáñamo, cuyo consumo se extendió en la década de los 60 y que en la actualidad ha aumentado «enormemente», han llevado a algunos científicos a recomendar su uso terapeútico. El profesor Navarro explicó que están demostradas las bondades del cánnabis como analgésico y antiométrico, así como su efecto en el aumento del apetito, lo que hace a esta sustancia interesante para aplicarla en estados terminales de ciertas enfermedades.

Aún así, «lo cierto es que hay en el mercado fármacos que duplican sus acciones de mejoría», matizó el ponente, quien al mismo tiempo reconoció que estudios realizados en mujeres con cáncer de mama reflejan que los efectos del cánnabis mejoran en algunos casos a los de los medicamentos.

El experto señaló que debemos diferenciar entre el consumo del fármaco y el de la propia planta, ya que este último es muy difícil de controlar médicamente. Para el profesor Navarro, por encima de la controversia y la rumorología que la ingesta de este tipo de fármacos provoca en la sociedad, es importante destacar que «el cánnabis no es inocuo, ya que tiene todos los requisitos de una droga de abuso».

Miguel Navarro aseguró que uno de los problemas con los que se encuentran los científicos es la falta de estudios existentes sobre los efectos que los compuestos cannabinoideos provocan en nuestro organismo.

Por esta razón, el profesor aboga por que se considere a los medicamentos que contienen este tipo de sustancias como a cualquier otro, más allá de consideraciones éticas o morales. «Lo que debemos es realizar estudios e invertir dinero en estas líneas de investigación, que nos permitan sopesar los beneficios y perjuicios que este consumo puede provocar», subrayó.