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BAEZA (JAEN), 10 (EUROPA PRESS)

El coordinador general de Salud Ambiental y Alimentaria de la Dirección General de Salud Pública y Alimentación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, José Antonio Conejo Díaz, declaró que «la comunicación a los ciudadanos del riesgo a una posible enfermedad es un campo que está por hacer, pues muchas veces esta comunicación no es la más idónea ni correcta por temor a que se produzca un situación de pánico o alarma social».

En declaraciones a Europa Press, Conejo, que participa en el curso «Seguridad Alimentaria», que organiza la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en sede de Baeza (Jaén), comentó que «la metodología del análisis del riesgo es una herramienta sistematizada que marca las pautas a seguir ante todo aquello que es capaz potencialmente de producir enfermedad sino se controla el alimento que se consume».

En esta línea, explicó que el método se compone de tres partes, de las que la primera, en la que intervienen los científicos, consiste en evaluar el riesgo, estudiar al agente que puede producir la enfermedad.

En segundo lugar, se gestiona el riesgo, «a través del poder público, que establece un comité de normas alimentarias que establecen las reglas del juego y la sistemática de inspección y de control que se debe llevar a cabo». Finalmente, según Conejo, «se llega a la fase de comunicación del riesgo, que es un complemento de las otras dos, aunque las tres están muy unidas, y lo que se pretende es trasladar al consumidor cuál es el problema, qué solución es la que se escoge y qué medidas se van a llevar a la práctica».

En esta línea, sostuvo que «los medios de comunicación deben ser conscientes de que deben informar pero de una manera que no suscite el pánico en los ciudadanos, por lo que la conexión que se debe establecer entre quién evalúa el riesgo, el que lo gestiona y el comunicador debe ser íntima, no sólo cuando aparece la crisis sino mucho antes».

«Este método no siempre es seguro, pues en ocasiones el conocimiento científico no es totalmente posible –como ocurrió con la crisis de las vacas locas al no existir expertos en la materia–; o en relación a la gestión, no siempre la opción por la que se opta está totalmente clara», según explicó el ponente.

Con relación a esto, comentó que «hay que establecer un equilibrio entre la opción que se toma, la consecución de los mínimos riesgos posibles, y la posibilidad de que los productos puedan seguir comercializándose libremente por el mercado».

PRINCIPALES RIESGOS

Asimismo, explicó que «existen tres grandes riesgos que son los que más preocupan a los científicos» y declaró que «los biológicos y químicos son los que más repercusión han tenido debido a las últimas crisis alimentarias que han envuelto a Europa».

«Los riesgos biológicos, a pesar de que existen rigurosos controles de sanidad, son muy alentadores porque pueden aparecer agentes nuevos totalmente desconocidos para el científico o porque determinados agentes que se conocían perfectamente desde muy antiguo emergen con un poder patógeno nuevo», según palabras del experto.

Por otra parte, destacó la existencia de «los riesgos químicos, son lo que gozan de mayor actualidad, pues vivimos en una sociedad industrializada, donde la utilización de sustancias y componentes químicos es mayor, y es más fácil que estas sustancias acaben apareciendo en los alimentos».