.

Ginebra acoge la próxima semana la primera conferencia ministerial sobre el Convenio, que incluye ya 22 plaguicidas

MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

Representantes de un centenar de países se reúnen la próxima semana en Ginebra para la primera conferencia ministerial sobre el Convenio de Rotterdam, con el fin de abordar la ampliación del tratado e incluir otros quince plaguicidas y productos químicos peligrosos de cuyo comercio debe informarse públicamente.

Respaldado por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), el Convenio permite a sus Estados miembros advertirse mutuamente de los posibles peligros relacionados con estos productos; así, si un país toma medidas para prohibir o restringir cualquier sustancia química por razones sanitarias o ambientales, los demás países deben ser informados.

De la misma forma, cuando un país prohibe o limita un producto químico o un plaguicida en el ámbito nacional, pero autoriza su exportación, debe facilitar al importador una nota con información práctica y detallada sobre el producto químico y su transporte.

De hecho, el punto central del Convenio es el procedimiento jurídicamente vinculante conocido como «Consentimiento Fundamentado Previo», en virtud del cual toda transacción que tenga por objeto los productos incluidos en la lista debe contar en primer lugar con la aprobación del país importador. Esta medida permite que los países, y sobre todo los del Sur, puedan decidir qué productos aceptan en su territorio.

Actualmente pueden encontrarse en el mercado unos 70.000 productos químicos, y cada año llegan 1.500 nuevos, todo un reto para los países que pretenden controlar y gestionar con la mayor seguridad posible estas sustancias potencialmente peligrosas. El problema, según la FAO, es que muchos plaguicidas prohibidos o restringidos en países ricos siguen comercializándose en los países en desarrollo.

Estos productos han sido responsables durante décadas del envenenamiento o la muerte de miles de personas por culpa de accidentes en su manejo, uso incorrecto y falta de control; de hecho, la FAO estima que «todos los habitantes del planeta llevan en su cuerpo huellas de diversas sustancias químicas peligrosas», muchas de ellas relacionadas con el cáncer o las taras genéticas.

La lista original del Convenio incluye 22 plaguicidas –2,4,5-T, aldrín, captafol, clordano, clorodimeform, clorobencilato, DDT, 1,2-dibromoetano (EDB), dieldrina, dinoseb, fluoroacetamida, HCH, heptacloro, hexaclorobenceno, lindano, compuestos de mercurio, pentaclorofenolo, algunas fórmulas peligrosas de metamidofos, metil-paratión, monocrotofos, paration y fosfamidón– y cinco productos químicos de origen industrial: crocidolito, bifenilos polibromatados (PBB), bifenilos policlorinados, (PCB), terfenilos policlorinados (PCT) y trifosfato de (dibromopropilo, 2,3).

En cuanto a los quince «candidatos» a la lista, son: binapacril, toxafeno, bicloruro de etileno, óxido de etileno, monocrotofos, DNOC y sus sales, formulaciones plaguicidas peligrosas de polvo seco con benomilo al 7% o más, carbofurano al 10% o más, tiram al 15% o más, amianto actinolita, amianto antofilita, amianto amosita, amianto tremolita, tetraetilo de plomo y tetrametilo de plomo, paratión y amianto crisolito.

La conferencia, que tendrá lugar entre los próximos lunes y viernes, pretende además establecer mecanismos y sistemas que garanticen la eficacia a largo plazo del Convenio de Rotterdam.

«El Convenio de Rotterdam facilitará una primera línea de defensa para proteger a los seres humanos y al Medo Ambiente de los posibles riesgos acarreados por los plaguicidas y los productos químicos peligrosos», apunta el director ejecutivo del PNUMA, Klaus Toepfer.