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CORDOBA, 4 (EUROPA PRESS)

Uno de cada diez españoles adultos padece conjuntivitis alérgica y ojo seco, siendo éstas las patologías más frecuentes que afectan a la superficie ocular, según las conclusiones del 80 Congreso de la Sociedad Española de Oftalmología, que se cerró este fin de semana en Córdoba y al que asistieron más de 3.000 especialistas en la materia.

Según el doctor Alberto Villarrubia, responsable de la Unidad de Superficie Ocular, Córnea y Cirugía Refractiva de la Clínica Oftalmológica de Córdoba, la presencia de sequedad ocular «incrementa el riesgo de conjuntivitis alérgica, así como sus manifestaciones en personas con la enfermedad diagnosticada».

No obstante, explicó que la humedad ocular que producen las lágrimas tiene un efecto protector «frente a posibles irritantes de la superficie ocular, como el humo del tabaco o la contaminación industrial».

Además, indicó que los pacientes con conjuntivitis alérgica «pueden tener algunas limitaciones en el desarrollo de sus actividades cotidianas debido a los síntomas de la patología, como enrojecimiento y picor ocular, fotofobia, lagrimeo y disminución de la agudeza visual», lo que empeora, añadió, «la calidad de vida de estas personas, que pueden tener problemas a la hora de conciliar el sueño o trabajar delante de un ordenador».

No obstante, sostuvo que el conocimiento del proceso de la alergia «ha permitido nuevos enfoques terapéuticos, así como tratamientos que actúan a la vez en las diferentes fases de la reacción alérgica, como el colirio de ketotifeno, que reduce la sintomatología inmediata de la conjuntivitis alérgica estacional y disminuye las complicaciones más tardías de la misma».

Del mismo modo, apuntó que las personas que sufren de «ojo seco» «suelen presentar picor, enrojecimiento, sensación de arenilla, escozor o irritación, quemazón o dificultad para abrir los ojos por las mañanas», máxime, precisó, «cuando se está realizando alguna actividad que requiera utilizar la visión cercana, como leer, escribir o coser».

Aún así, concluyó que «este deterioro de la calidad de vida suele experimentar una mejoría con el uso de lágrimas artificiales, cuya presentación debe ser en monodosis y sin sustancias conservantes».