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BILBAO, 29 (EUROPA PRESS)

El principal problema del paciente con esquizofrenia es el abandono del tratamiento, por considerar que no tiene conciencia de estar enfermo o porque «algunos de estos fármacos de referencia utilizados en el tratamiento de esta patología tienen efectos secundarios indeseables», según explicó hoy en Bilbao el doctor Celso Arango, responsable de la Unidad de Adolescentes del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

Arango participó en el VIII Congreso de Psiquiatría que desde hoy y hasta el próximo día 30 de octubre, se está celebrando en la capital vizcaína con la participación de más de 1.800 especialistas.

En este marco, el doctor Fernando Cañas, jefe del Departamento de Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de Madrid, señaló que «la falta de adherencia al tratamiento conlleva recaídas en estos pacientes y pueden alcanzar tasas del 70 por ciento, mientras que, la proporción en aquellos que siguen su tratamiento farmacológico es de dos por cada diez, al año de tratamiento».

Por este motivo, al prescribir un fármaco para el tratamiento de la esquizofrenia, los especialistas buscan, según indicó, que «controle los síntomas agudos cuando se produce una descompensación, que sigue siendo la puerta de entrada de la mayoría los pacientes a los cuidados psiquiátricos, que atienda o revierta el reto de los síntomas negativos, afectivos y cognitivos y, en tercer lugar, conseguir la reinserción del paciente en su medio de la forma más completa posible».

Así, no se condidera que el paciente está adecuadamente recuperado si no se consigue que se reincorpore «al funcionamiento que tenía antes de su enfermedad». Además, los especialistas destacan que es importante hacer entender al paciente que, aunque hayan desaparecido gran parte de los síntomas de su enfermedad, es necesario que siga tomando el tratamiento para evitar las recaídas, de ahí que se insista en su tolerabilidad, y, por otra parte, que pueda inyectarse por vía intramuscular en aquellos casos en los que sea necesario.

Por ello, el tratamiento de primera elección en estos pacientes son los nuevos antipsicóticos, que favorecen la adherencia del paciente al tratamiento y provocan una menor tasa de abandonos, si bien siguen manteniendo ciertos efectos secundarios que los expertos consideran de menor orden frente a los que venían produciendo los clásicos.

Aún así, estos efectos secundarios se asocian a una ganancia de peso corporal, aumento en los parámetros de riesgo metabólico (colesterol, glucosa, o triglicéridos) e incidencia sobre la prolactina, síntomas extrapiramidales y disfunción sexual, lo que, según explicó Arango, son las principales causas del abandono del tratamiento en estos pacientes.

ESTUDIOS

Ante las diferencias entre unos antipsicóticos y otros, los doctores Arango y Cañas han dirigido sendos estudios, cuyos resultados preliminares se presentan en este Congreso Nacional de Psiquiatría, con el antipsicótico de nueva generación ziprasidona, un fármaco comercializado por Pfizer en España hace un año con el nombre de Zeldox®.

Ambos trabajos (ZIS y ZIMO) han analizado en condiciones reales la efectividad, la tolerancia y la valoración subjetiva del paciente respecto a este fármaco tanto en su presentación oral como en su presentación intramuscular (indicado en crisis psicóticas) y han incluido, hasta el momento, a más de 1.000 pacientes con esquizofrenia.

Según detalló Arango, el estudio ZIS ha estudiado la eficacia del fármaco durante seis meses y con casi 700 pacientes, lo que es importante teniendo en cuenta que «una vez que disponemos de un fármaco nuevo, como es la ziprasidona, necesitamos probar su eficacia y tolerabilidad en pacientes que vemos habitualmente en la práctica clínica, en el día a día».

A su entender, este tipo de estudios proporciona una información complementaria «muy útil» sobre qué dosis son las más adecuadas, qué otros efectos se encontran en estos fármacos y, en este caso concreto, qué percepción tiene el propio paciente de la medicación.

El estudio ZIS ha evaluado la eficacia, la seguridad y la respuesta subjetiva con ziprasidona oral y ha puesto de manifiesto que «es eficaz sobre los síntomas positivos y negativos de la esquizofrenia, algo que corrobora lo demostrado en los ensayos clínicos y que es de gran interés porque los pacientes no tienen que ver con los de pacientes de los ensayos clínicos», aseguró su reponsable.

Así, el cambio de tratamiento desde otro antipsicótico a ziprasidona produjo una mejoría adicional de la efectividad en todo el espectro sintomático de la enfermedad y los pacientes mostraron una mayor adherencia al tratamiento. Estos datos son «consistentes» con los resultados de los ensayos clínicos realizados durante el desarrollo clínico de ziprasidona.

Por su parte, el estudio ZIMO ha incluido a 350 pacientes en los que se han analizado los parámetros mencionados anteriormente con la presentación intramuscular del fármaco. La parte más interesante del trabajo, para su coordinador, el doctor Cañas, ha sido la valoración subjetiva que han hecho los propios pacientes y que lo calificaban de «muy bueno». Puntuación que fue mejorando a lo largo de los meses y a medida de que el paciente experimentaba el efecto de la medicación.

CONTACTO CON LA REALIDAD

La esquizofrenia es un trastorno mental severo, evolutivo e incapacitante, que afecta a alrededor del uno por ciento de la población del Estado y puede provocar en el paciente la pérdida de contacto con la realidad. Se trata de una enfermedad compleja con una etiología desconocida y que inicia sus primeras manifestaciones principalmente en jóvenes (de entre 20 y 30 años) de ambos sexos con independencia de su etnia.

Los síntomas de la esquizofrenia se dividen en positivos (alucinaciones, los delirios, el pensamiento desorganizado, trastornos del comportamiento); y negativos (pérdida de actividad, baja motivación, falta de interés y relación con el entorno, incluyendo aislamiento social). Otras manifestaciones clínicas de la esquizofrenia incluyen depresión o ansiedad. Las personas con esquizofrenia podrían también experimentar un deterioro cognitivo, afectando a su memoria, capacidad de concentración y habilidades.