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El hábito por la «comida basura» no están tan enraizada en los jóvenes como en América del Norte o Reino Unido

PALMA DE MALLORCA, 12 (EUROPA PRESS)

Uno de cada cuatro adolescentes de Balears hacen o han intentado realizar dieta en alguna ocasión, la mayoría de las veces por razones de estética (73 por ciento por el deseo de adelgazar) más que por motivos de salud o sentirse bien, según un estudio realizado por un grupo de investigadores de la UIB, de Girona y de París X, dirigido por el doctor Jordi Pich, profesor de Psicología de la UIB.

El estudio detecta déficits alimentarios importantes, como que más del 25 por ciento de los encuestados asegura no comer nunca pescado y el 40 por ciento menos de una vez a la semana; que más del 20 por ciento no come nunca verdura, porcentaje levemente inferior en el caso del consumo de fruta.

A pesar de estos datos, el estudio, del que informa hoy la UIB, subraya que los adolescentes de Balears que han participado en la muestra, de edades comprendidas entre 11 y 18 años, no tienen todavía los hábitos hacia la «comida basura» que manifiestan sus compañeros de edad en América del Norte o Reino Unido. Así, concluye que demuestran una «tendencia a aceptar relativamente bien los alimentos más recomendables».

La encuesta, sobre una muestra de más de 2.000 escolares de Balears, alerta que los adolescentes dejan de realizar algunas comidas conforme crecen. Así, los niños de 11 y 12 años realizan cuatro comidas diarias, mientras que la mayoría de jóvenes de 15 y 16 años sólo hacen tres.

El estudio atribuye esta situación al incremento del hábito por consumir alimentos entre comidas, especialmente zumos o piezas de fruta, galletas, patatas fritas en bolsa, pasteles dulces o bebidas gasificadas. Así, un 68 por ciento admiten que pican entre horas, con una tendencia mayor en el caso de los hombres.

La investigación también destaca que conforme la edad de adolescencia avanza, es mayor el consumo de ensaladas, carne de cerdo y ternera o bebidas alcohólicas. No obstante, los alimentos más consumidos a estas edades, por este orden, son el pan, el yogurt, la fruta, los zumos, leche, sopa, patatas fritas, queso y huevos; mientras que los menos consumidos son la cerveza, el vino, las anchoas, vísceras, coliflor o salmón ahumado. Además, las muejres se abstienen más que los hombres en el consumo de vísceras, mermelada, vino, cerveza o conejo.

El estudio constata que existe correlación entre los hábitos de consumo de los adolescentes con sus principales preferencias y aversiones. Así, «consumen más aquellos alimentos que más le gustan, se detecta una contención importante en el consumo de alimentos preferidos (pizza, pasata, patatas fritas), y también hacia el consumo de todo tipo de carnes, a pesar de que los estudios indica que constituye su única fuerte exclusiva de proteínas (descartados el pescado o las legumbres)».

PADRES.

Por otra parte, el estudio detecta que la calidad de alimentación de los hijos preocupa a los padres, que están en desacuerdo con la cantidad de verdura, pescado y fruta que consumen sus hijos. Según explica el doctor Pich, «ellos creen que los niños son una especie de salvajes alimentarios que hay que civilizar, sobre todo forzándoles al consumo de verduras». Así, añade, «los padres tienden a pensar que, si dejáramos a un niño sólo, se inflaría de Bollicaos hasta reventar, de lo cual no tienen pruebas fehacientes».

En este sentido, Pich subraya que las estrategias para que los jóvenes coman mejor «o no existen, o son inoperantes e incluso contraproducentes». «La invitación permanente a comer verdura provoca que el niño acabe pensando que debe ser francamente mala si insisten tanto», señala el doctor, que advierte que los padres ignoran que este rechazo a comer verde es comprensible porque «en plena fase de crecimiento los nutrientes que aporta son francamente escasos».

NEOFOBIA ALIMENTARIA.

Otro dato relevante del estudio es que se ha detectado una proporción de casos neofóbicos (personas que rechazan contundentemente introducir novedades a la hora de comer y consumen un número reducido de alimentos) mayor de la esperada. Así, en torno a un 10 por ciento de la muestra manifiesta una «alta neofobia», lo que supone un adolescente por cada aula escolar encuestada.