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PALMA DE MALLORCA, 22 (EUROPA PRESS)

La secretaria general de la Federación Internacional para el desarrollo de la Familia, la economista Marina Robben, manifestó hoy, durante su ponencia en el Congreso Internacional de la Familia que se celebra en Palma, su preocupación por el descenso de la tasa de fertilidad en Europa, que es de 1,4 hijos por mujer, por debajo de la media mundial que alcanza los 2,1, y destacó la importancia de la familia para garantizar la estabilidad y el bienestar de las sociedades europeas.

«La ruptura de la estructura familiar provocará una disminución de la solidaridad intergeneracional y un aumento de la soledad», señaló Robben, que también advirtió del mayor riesgo de exclusión social que padecen las personas que forman parte de familias monoparentales. En su opinión, las políticas deben garantizar la protección de la familia, siempre desde el principio de subsidiariedad. «La familia es la entidad que da más apoyo a la sociedad, y si esta se rompe, la sociedad se romperá», concluyó.

Robben señaló entre los retos que debe afrontar la política de la familia, el declive y envejecimiento de la población, la inestabilidad de las familias y los problemas de soledad. Asimismo, aconsejó que las políticas se ocupen también de la conciliación de la vida familiar y laboral. En este sentido, destacó que un estudio revela que el 40 por ciento de las mujeres con un elevado nivel de educación no han tenido el número de hijos que desearían.

La economista explicó que, según un estudio, los europeos consideran que los tres factores más importantes para una buena calidad de vida son la salud, ingresos suficientes y el apoyo de la familia. Por otra parte, las encuestas indican que la primera prioridad de las políticas familiares debe ser la lucha contra el paro, y la segunda, facilitar un horario familiar más flexible.

Robben abogó también por la protección social del cuidador, con el reconocimiento de su trabajo no remunerado, evitar las medidas fiscales penalizadoras, además de reformar el sistema educativo introduciendo asignaturas de «organización doméstica». También mencionó la necesidad de elaborar una planificación urbanística que contemple espacios de reunión que permitan reconstruir la red social.

Por último, lamentó el incremento del porcentaje de divorcios, que en Bélgica, la tasa más alta de la Unión Europea, alcanzó el 60 por ciento de los matrimonios en el año 2000, el 50 por ciento en Austria, el 30 por ciento en Portugal, y el 18 por ciento en España.