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MADRID, 2 (EUROPA PRESS)

La confianza de los consumidores en los hipermercados se ha incrementado «notablemente» durante el periodo 2001-2004 años, mientras que se estanca la que merecen los mercados y tiendas tradicionales, según el director de productos informativos de la fundación Eroski, Ricardo Oleaga.

Durante la presentación del «Barómetro de consumo 2004», Oleaga explicó que los establecimientos de restauración son los que menos confianza suscitan a los consumidores, siendo los peor considerados los restaurantes de comida rápida. No obstante, «ningún tipo de establecimiento de alimentación ha perdido confianza», apuntó Oleaga, que consideró esta variable como «un buen síntoma para el sector».

Por zonas, Navarra es donde mayor confianza se deposita, excepto en los restaurantes de comida rápida. En el País Vasco hay una gran confianza en cafeterías y bares pero es la Comunidad más desconfiada en comida rápida, y una de las que menos valora los hipermercado y los supermercados.

Barcelona se decanta por los mercados y tiendas tradicionales, así como los locales de restauración, pero es la ciudad que menos confía en los hipermercados, la segunda que menos valora a los supermercados y la tercera en menor confianza hacia los restaurantes de comida rápida.

Por su parte, Andalucía opta por los hipermercados y supermercados y se dirige menos a los mercados tradicionales y a los restaurantes. Los ciudadanos de Madrid prefieren los restaurantes de comida rápida, los mercados y tiendas tradicionales, pero desconfían de las cafeterías y bares.

COMPORTAMIENTO DE LOS CONSUMIDORES.

Según el estudio sobre las preferencias de los consumidores, se rompe la trayectoria levemente alcista de años anteriores en el grado de confianza ante los alimentos en general. Además, la carne remonta la pérdida de confianza que generó la crisis de las «vacas locas» y aumenta la confianza en las marcas de distribuidor y en las marcas más baratas.

Asimismo, aumenta la credibilidad de los consumidores en la información sobre los alimentos que proporcionan las asociaciones de consumidores, las administraciones públicas y los comercios. También mejora la percepción de las asociaciones de consumidores como defensoras de los intereses de los consumidores.

Por contra, se detiene el crecimiento en la frecuencia de reclamaciones y aumenta la insatisfacción con la respuesta recibida tras efectuar las reclamaciones. «Los consumidores ven muchos obstáculos a la hora de reivindicar sus derechos como usuarios, ya que los organismos no tienen un mecanismo fácil para su gestión», concluyó Oleaga.