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BARCELONA, 24 (EUROPA PRESS)

El 35% de los embarazos de adolescentes en Catalunya son de mujeres inmigrantes, según informó hoy el director del Plan de Inmigración y Cooperación de la Generalitat, Estanís Alonso, durante unas jornadas sobre salud y diversidad cultural organizadas por la Universitat Ramon Llull (URL).

La mayoría de estas mujeres, que tienen entre 14 y 17 años, «proceden de países en vías de desarrollo, especialmente de la zona de Centroamérica, aunque también hay personas de los países de la antigua Europa del Este», según Alonso.

El porcentaje de embarazos de adolescentes entre la población inmigrante que reside en Catalunya es importante si se tiene en cuenta que el 16% de los nacimientos son de mujeres extranjeras, frente al 84% de españolas y el 11% cuyo origen de las madres se desconoce.

INCREMENTA EL RIESGO DE ABORTO.

Este es uno de los principales aspectos que las autoridades sanitarias han identificado en los inmigrantes, en los que el impacto de embarazos adolescentes es mayor que en la población autóctona. «Tener un hijo a estas edades incrementa el riesgo de aborto», según Alonso.

El hecho de que nazcan «bebés de bajo peso y con trastornos nutricionales» es «otro de los problemas del colectivo inmigrante» y que «deben afrontar las unidades materno-infantiles de los hospitales catalanes», explicó este especialista.

Otras necesidades sanitarias de los inmigrantes son el tratamiento del denominado Síndrome de Ulises, derivado del estrés que conlleva la adaptación a un nuevo país, y de la tuberculosis, que se produce por las condiciones de hacinamiento que sufren en las viviendas.

Para analizar las necesidades de los profesionales sanitarios que tratan con este colectivo, la Generalitat está diseñando el Plan de Inmigración y Cooperación. Este proyecto pretende en primer lugar identificar las desigualdades en salud de los inmigrantes, según Alonso.

DEFINIR EL PAPEL DEL MEDIADOR CULTURAL.

Otro de los objetivos del plan es elaborar un plan de formación para el personal sanitario, mejorar el acceso de los inmigrantes a la sanidad, así como introducir de forma ordenada los servicios de mediadores culturales en la red sanitaria catalana.

Respecto a este último aspecto, Alonso señaló que «todavía tenemos que identificar el papel que debe tener el buen mediador». «En ocasiones, esta figura puede llegar a distorsionar una comunicación, ya compleja, entre médico y paciente», señaló.

Actualmente ya hay varios hospitales, como el de Mataró (Barcelona), que han optado por contratar mediadores culturales, personas que no sólo se encargan de traducir sino que intentan hacer comprender los códigos culturales propios al inmigrante y al médico.

Para llegar a definir el papel del mediador, la Generalitat tiene previsto primero iniciar un estudio sobre las necesidades de los profesionales que atienden a este colectivo de población, según Alonso.