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MADRID, 12 (EUROPA PRESS)

El 70% de los pacientes ancianos hipertensos no tiene los niveles de presión arterial controlados según los criterios actuales de control, es decir, por debajo de 140/90, según datos facilitados por el presidente de la Comisión Nacional de Geriatría, Francisco Guillén en el transcurso de las I Jornadas Recordati en Geriatría-Sección Cardiovascular.

En estas jornadas, celebradas recientemente en El Escorial (Madrid), los expertos hicieron hincapié en la importancia de la presión arterial sistólica en los ancianos.

Según el profesor Guillén, «la hipertensión arterial sistólica, definida por la Organización Mundial de la Salud con cifras de presión arterial sistólica igual o mayor a 140 y de diastólica menor a 90, es mucho más frecuente en el anciano y es la más peligrosa, ya que es el factor predictivo más importante de ictus, insuficiencia cardiaca y cardiopatía isquémica». Además, al ser la más difícil de bajar, la presión arterial sistólica suele ser la responsable del mal control de la hipertensión en el anciano, informó hoy Recordati.

Por su parte, el profesor José Manuel Ribera, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario Clínico San Carlos, apuntó que el control de la hipertensión arterial en el anciano, al igual que en el resto de la población, aporta grandes beneficios en relación a la prevención de ictus, insuficiencia renal, cardiopatía isquémica, arteriopatía periférica e, incluso, el deterioro mental.

Otros aspectos importantes que se deben tener en cuenta en el manejo del paciente anciano hipertenso y que conllevan la búsqueda de tratamientos seguros y eficaces son, en palabras del profesor Ribera, «la presencia frecuente de otras patologías, la polimedicación y las limitaciones funcionales físicas o psíquicas, a pesar de las cuales más del 20% de las personas con más de 65 años vive sola».

Los expertos coincidieron en que la edad no es barrera para iniciar un tratamiento para controlar la presión arterial, subrayando que lo primero es adoptar una serie de hábitos de vida saludable, como controlar el sobrepeso, disminuir del consumo de sal, cafeína y alcohol, y abandonar el hábito tabáquico.

Asimismo, señalaron que el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial se debe adecuar e individualizar en función de cada paciente, teniendo en cuenta si existen otras patologías o riesgo de padecer algunas complicaciones. Para el profesor Guillén, «lo general es comenzar con un tratamiento antihipertensivo a dosis bajas y, si no se consigue el control de las cifras de presión arterial, subir la dosis del mismo. Si con esto tampoco se consigue, se debe añadir un segundo tratamiento».

En este sentido, aseguró que la mayoría de los pacientes necesitan dos tratamientos, puesto que sólo en el 40% de los casos se consigue el control de la hipertensión con un único medicamento.

Entre las distintas opciones terapéuticas para el manejo de la hipertensión, los calcioantagonistas de tercera generación tienen un papel importante en los pacientes ancianos, «debido a su eficacia en la prevención secundaria del ictus, que es la complicación más frecuente asociada con la hipertensión en el anciano, y a su perfil de seguridad, puesto que, a diferencia de otros tratamientos, no producen edema en los tobillos ni rubefacción o enrojecimiento y sensación de calor tras la toma», explicó el profesor Guillén.