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MADRID, 21 (EUROPA PRESS)

Casi el 94% de los españoles considera que la cirrosis es la enfermedad digestiva más grave, sólo por detrás de los cánceres digestivos, según datos de un estudio sociológico sobre «Las Enfermedades Digestivas en la Población Española» elaborado por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

La cirrosis es una patología crónica e irreversible en la que el tejido hepático se ve afectado de forma progresiva hasta ser sustituido por un tejido fibroso junto a nódulos de regeneración que no permiten al hígado ejercer sus funciones, y en la mayoría de los casos está desencadenada por la ingesta abundante de alcohol y por el virus de la hepatitis C.

A este respecto, un 15% de los encuestados cree que esta patología no tiene un tratamiento adecuado, aunque según la doctora Marina Berenguer, portavoz de la SEPD, el concepto de cirrosis engloba un espectro muy amplio y cuando la enfermedad está compensada, sin complicaciones, la supervivencia es del 90% a los cinco años.

Según los cálculos de los expertos, la cirrosis afecta en España a entre el 1% y el 2% de la población, y es más frecuente en varones a partir de los 50 años. «Eliminar o actuar contra la causa etiológica que subyace tras esta enfermedad –apuntó la doctora Berenguer– es la mejor forma de luchar contra la cirrosis. Es decir, la eliminación del alcohol y el control de los virus de la hepatitis C y B son las principales armas para luchar contra la causa que produce esa alteración hepática».

El diagnóstico de la cirrosis puede ser, en ocasiones, casual, cuando el médico observa alteraciones analíticas en un control rutinario del paciente. Las complicaciones más frecuentes son varices esofágicas (dilatación de las venas del esófago, las cuales pueden sangrar y dar lugar a una hemorragia digestiva), ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) y encefalopatía hepática (alteración mental debido a la acumulación de sustancias tóxicas no depuradas por el hígado).

Dependiendo de las complicaciones que desarrolle el paciente, se empleará un tratamiento farmacológico u otro, con el fin de prevenirlas o minimizarlas. Cuando la descompensación de la enfermedad es tan grave que está en peligro la supervivencia del paciente en un plazo de 6 a12 meses, el tratamiento de elección es el trasplante hepático.

«Se trata de una cirugía agresiva que, obviamente, hay que realizar cuando no existan contraindicaciones, pero que permite prolongar la supervivencia del paciente en los casos en los que está indicado. Los datos de supervivencia –añadió la doctora Berenguer– se cifran en el 80% y el 90% al año, y entre el 60% y el 80% a los cinco años».