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BARCELONA, 29 (EUROPA PRESS)

Estilos de vida «nocivos» para la salud, como el sedentarismo, las dietas no equilibradas y el tabaco, provocan enfermedades crónicas que ocasionan entre el 60 y el 65% del gasto público en salud, según el catedrático de Medicina Comunitaria de la Baylor University de Houston, en el estado de Texas de Estados Unidos, Carlos Vallbona.

En declaraciones a Europa Press, Vallbona señaló que los años de vida se alargan, pero «no se viven de forma saludable por la incidencia de las enfermedades crónicas evitables». Por ello, el catedrático propugna un modelo de medicina preventiva, que en su opinión, ahorraría «una gran cantidad de dinero» al sistema público y alargaría la esperanza de vida «sin discapacidad».

Así, propuso como principal estilo de vida saludable, el ejercicio físico, ya que «el sedentarismo es el gran mal del hombre del siglo XXI». Vallbona explicó que «el ritmo de vida» así como los hábitos de trabajo actuales no propician este hábito.

En este sentido, instó a los ciudadanos a integrar el ejercicio físico en los hábitos de ocio. A su vez, insistió en la importancia de andar, como mínimo 10.000 pasos diarios, pero «pensando que andas por la salud».

De este modo, el organismo segrega sustancias como las ecefalinas y las endorfinas que actúan como la morfina y hacen sentir una euforia que crea adicción, explicó. Además, insistió en que el ejercicio debe ser proporcionado a la edad del individuo.

Entre los hábitos saludables que enunció destacó el del «contacto con la sociedad» y la importancia de tener amigos y dar y recibir manifestaciones de cariño. También, apuntó la necesidad de protegerse de los rayos ultravioletas del sol, cuidar la luminosidad de la vivienda para evitar accidentes y el calzado.

En definitiva, apeló a la «responsabilidad individual» de las personas en atención a su salud. El científico, defensor de la medicina preventiva y de la necesidad de incentivar los cambios en el estilo de vida, se mostró convencido de la utilidad de estimular la prevención a escala social.

Para ello, consideró que la mejor forma de incentivar el cambio es la de «premiar» económicamente a aquellos que lo hagan. Así, «se podría pensar en una reducción en las cuotas de salud, por ejemplo». Al mismo tiempo, reconoció lo difícil que suele ser el involucrar a los gobiernos en programas preventivos que cuestan dinero y no tienen una rentabilidad inmediata.