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BRUSELAS, 3 (EUROPA PRESS)

La Federación Europea de Alergias y Asociaciones de pacientes con enfermedades de las vías respiratorias (EFA) publicó hoy, con motivo del Día Internacional del Asma, una nueva estadística que apunta que 30 millones de personas de todas las edades sufren en Europa esta dolencia.

El asma cuesta a las administraciones públicas 17.700 millones de euros al año, de los cuales la mitad se dedican al 20% de los enfermos que sufren asma severo. Además, la pérdida de productividad de los enfermos con este tipo de asma se estima en 9.800 millones de euros. De los 6 millones de europeos con asma severo, sólo 1,5 millones logran controlar adecuadamente sus síntomas.

Los pacientes con este grado de la enfermedad viven con el miedo constante de que un ataque podría acabar con su vida. El primer estudio de este tipo, titulado «Luchando para respirar», y que consultó con 1.300 personas con asma severo en Francia, España, Alemania, Suecia y el Reino Unido, ha preguntado a los pacientes con asma severo qué significa vivir con esta carga. Las palabras más comunes fueron «miedo» y «disnea». Uno de cada cinco también alegó que tiene ataques por lo menos una vez por semana, momento en el que ni siquiera pueden pedir ayuda.

«Todo este sufrimiento es a menudo, innecesario», afirmó hoy el presidente de EFA, Svein-Erik Myrseth. «Sabemos que cada hora una persona muere en condiciones trágicas en Europa occidental como resultado del asma y que el 90% de estas muertes se podrían prevenir con más conciencia pública, un acceso mejor a la salud, cambios en la política ambiental y mejoras en la investigación», agregó.

La EFA denuncia que la mayoría de los afectados de asma severo no pueden recibir los estándares adecuados de cuidado recomendados a nivel internacional, lo cual tiene un impacto substancial en la calidad de vida de las víctimas. Los ataques pueden ser imprevisibles y son causados normalmente por una reacción alérgica a los elementos tales como el tabaco, el humo, la contaminación y la piel del animal. En el trabajo, los síntomas pueden empeorar por la exposición al polvo y a los humos de las fotocopiadoras.