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VITORIA, 12 (EUROPA PRESS)

Medio centenar de mujeres de Vitoria afectadas por la fibromialgia o por el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) se concentraron hoy en Vitoria para reclamar que se reconozcan estas patologías y se unifiquen los criterios que existen sobre ellas en las distintas comunidades autónomas.

A esta concentración celebrada en la Plaza de la Virgen Blanca asistieron, entre otras, la presidenta de Emakunde, Txaro Arteaga, la diputada foral de Asuntos Sociales, Ainhoa Domaica, y la juntera del PNV María Jesús Aguirre. Arteaga fue la encargada de leer un comunicado en nombre de las afectadas en el que reclamó «a los estamentos médicos y a los políticos que reconozcan estas enfermedades».

«Pedimos unificar los criterios entre las diversas comunidades autónomas y también exigimos que se estimule la investigación, tanto pública como privada, con el fin de homologar lo más pronto posible los diagnósticos, los tratamientos, los itinerarios y los protocolos», rezó el texto.

Las asistentes a la convocatoria fueron en su gran mayoría mujeres ya que el 96% de las afectadas por estas enfermedades son féminas, según explicó la presidenta de la asociación alavesa de fibromialgia Asafima, Jani Martínez, quien añadió que un 3% de los vascos padecen estas patologías.

La representante de Emakunde aseguró que en último año ha crecido el movimiento asociativo y el interés de los expertos hacia estos males, pero «necesitamos que estas enfermedades merezcan la atención del sistema público de salud».

«La fibromialgia no puede seguir siendo entendida como una rareza y ha de haber codificaciones y protocolos de actuación que vayan más allá de las condiciones más o menos arbitrarias de los responsables sanitarios», pidió, antes de añadir que «tanta gente que sufre no puede equivocarse» y de afirmar que «el acto de curar no puede depender de un acto de fe».

Acto seguido reclamó que se proporcionen a los profesionales «los medios necesarios para el ejercicio de su responsabilidad» y «que se lance un grito de atención a los médicos de familia» para que «diagnostiquen y traten debidamente a las personas enfermas y deriven a los especialistas los casos más severos».

Ambas enfermedades imposibilitan el pleno desarrollo de las personas «que viven en un universo de dolor que los poderes públicos han de contribuir a evitar», advirtió la máxima responsable del Instituto Vasco de la Mujer, quien agregó que «los efectos de estas enfermedades no afectan solo al cuerpo» y que «hay una vertiente social que hay que atender inmediatamente».

Por este motivo, instó también a los empresarios y sindicatos a «encontrar fórmulas nuevas que permitan la reinserción laboral limitada de los enfermos», ya que estas personas no desean quedarse aisladas de la sociedad.

«Hay que evitar que se conculquen los derechos de los afectados por negligencia o por falta de información e impedir que diversas administraciones quieran hacer ver que no ven», dijo Arteaga. Animó a «dar las bajas correspondientes en función del diagnóstico, y si el grado de la enfermedad lo requiere debe ser codificada como minusvalía o invalidez, con las prestaciones que corresponda».

En el texto se instó asimismo a «no poner remiendos sino a afrontar las enfermedades desde el principio y mediante acciones de prevención», porque «no habrá curación posible si previamente no se establece una absoluta normalidad en el tratamiento de unas enfermedades que algunos profesionales todavía consideran anormales como para negar su existencia».

«Sólo el dolor de la incomprensión y del silencio acaba siendo más devastador que el dolor del cuerpo», concluyó el comunicado, tras el cual las asistentes a la convocatoria dejaron volar medio centenar de globos de colores.

LA ENFERMEDAD DEL DOLOR

Esta dolencia que se conoce como «la enfermedad del dolor», es muy compleja porque afecta a todos los tejidos blandos y a las articulaciones, además de que el dolor crónico provoca que la concentración disminuya. «Eso impide que podamos leer o ver una película, además de que nos molesta mucho el ruido y la luz y de que no tenemos un sueño reparador», confesó la presidenta de Asafima, que también padece esta enfermedad.

Preguntada por su cura respondió que «no tiene porque no se sabe qué es lo que la produce», y añadió que «los médicos dicen que no avanza pero sí avanza y se junta con la edad». «Además, al dolor se une la depresión y aunque no te lleva a una silla de ruedas te impida andar sí llega un momento que no quieres vivir», aseguró.

Martínez declaró que hay dos remedios infalibles y que son el ejercicio físico moderado de por vida, «pero un ejercicio apropiado», y «ante todo un manejo psicológico. «Tenemos que aprender a cambiar nuestra vida y a saber manejar las herramientas necesarias para tratar el dolor y poder vivir una vida normalizada en un 70%. Y estas herramientas las da un psicólogo», manifestó.

La presidenta de la asociación alavesa concluyó explicando que «no es hereditaria pero sí hay un gen que puede «despertar» en determinado momento. Dijo que antes de que se diagnostique suelen pasar 6 ó 7 años, pero apuntó que en la actualidad el diagnóstico «es más rápido». Preguntada por qué afecta más a las mujeres que a los hombres, Jani Martínez dijo que «todavía no se sabe por qué pero dicen que el estrés es muy importante».