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MADRID, 30 (EUROPA PRESS)

Un estudio elaborado por investigadores de la Facultad de Medicina de la UAM prueba que una intensa vida social entre las personas mayores, como la que mantinen los vecinos de Leganés, cuyos varones mayores de 75 años son los más longevos de Europa, y cuyas mujeres del mismo segmento de edad se encuentran en el grupo de las más longevas, favorece el que se vivan más años y con mejor salud.

En declaraciones a Europa Press Televisión, el director de dicho estudio titulado «Envejecer en Leganés», Ángel Otero, señaló que la posibilidad de vivir más años entre los que ya han alcanzado los 70 es mayor entre los vecinos de Leganés que en cualquier otra ciudad europea, y en ello influye la cultura mediterránea, con su dieta y su fomento de los lazos con el entorno.

«A más vida social, se viven más años y se enferma menos», afirmó. Por ello, el hecho de que las personas de avanzada edad «no vivan aislados, sino dentro de las redes familiares, en clubs de tercera edad, en asociaciones, haciendo excursiones, etc., resulta saludable».

Por este motivo, el doctor Otero defendió la idea de que se otorgue a los ancianos un cierto «protagonismo social para que se sientan útiles, porque esto es bueno para su salud, pero sin exigirles demasiado, porque también se ha comprobado que eso les perjudica».

Sin embargo, reconoció que los cambios sociales han tenido como consecuencia el que muchas personas mayores hayan perdido sus vínculos familiares y con sus redes sociales, debido a la menor disposición de tiempo para dedicarles con la incorporación de la mujer al mundo laboral, a las reducidas dimensiones de las viviendas actuales, etc., hecho este que «juega en contra de la salud de nuestros ancianos».

Para solucionarlo, apostó por el impulso de políticas socio-sanitarias que ayuden al cuidado pero que no aislen a los mayores, con fórmulas como las de las viviendas tuteladas. El objetivo es que, aunque estas personas no vivan en la misma casa de sus hijos o sus nietos, sí les tengan cerca y no abandonen su ámbito de relaciones, y que su institucionalización en residencias «se retrase lo más posible».

En España, no obstante, el porcentaje de ancianos que viven con sus familias es muy elevado, cercano al 45 por ciento, y muy por encima de las cifras de los países del norte de Europa, que ronda el 5 por ciento.