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ZARAGOZA, 10 (EUROPA PRESS)

El psiquiatra Josep Toro aseguró hoy en su intervención ante el V Congreso Nacional sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria que, según las últimas líneas de investigación que se están llevando a cabo para conocer las causas de la anorexia nerviosa, de entre los múltiples factores que intervienen en la anorexia, el de más peso es el genético.

«La predisposición genética puede explicar el 60 por ciento de los casos de vulnerabilidad al trastorno –apuntó–. Por eso, ya no podemos decir que la anorexia nerviosa tenga una causa desconocida. Una cosa es que no podamos conocer todos los factores o cómo se relacionan unos con otros pero sí se puede determinar cuáles son las principales líneas que determinan la anorexia nerviosa».

Aunque no se conocen todavía los genes implicados en esta predisposición, hay investigaciones que ya han avanzado que puede estar relacionado con la función serotoninérgica, que regula la sensación de apetito, determinadas funciones hormonales, y determinados estados de ánimo. Además, hay conductas que tienen una explicación genética; por ejemplo, la susceptibilidad a la malnutrición, que desencadena cambios psicológicos y biológicos y que puede desembocar en una anorexia nerviosa.

En cuanto a la personalidad, los caracteres temperamentales (excesivo perfeccionismo o neuroticismo) son factores de riesgo porque este tipo de personas incurren en experiencias y comportamientos de riesgo y estas características temperamentales también están determinadas genéticamente; al igual que la sensación de insatisfacción corporal.

Por otra parte, la transmisión genética a esta predisposición hace que aparezcan trastornos entre miembros de una misma familia. Sin embargo, ha matizado el doctor Toro, si una persona con un alto porcentaje de predisposición genética a padecer anorexia come normalmente no desarrollará la enfermedad. Esto es debido a que los factores genéticos entran en contacto con factores ambientales y culturales.

«La decisión de no comer es un factor ambiental; el problema está en determinar porqué se toma esta decisión y en un altísimo porcentaje se toma por razones estéticas», ha explicado. Además, este modelo estético de delgadez se transmite a través de los medios de comunicación, las familias y de determinados grupos (amigas, homosexuales varones, por ejemplo), ha indicado Josep Toro.

SOCIEDAD, CULTURA, DEPORTE Y TCA

La escritora Espido Freire y el deportista Abel Antón han participado en la mesa redonda «Sociedad, cultura, deporte y TCA». Antón ha explicado la necesidad de llevar una dieta adecuada entre los deportistas porque se les exige un rendimiento al 100 por ciento.

Pero, en algunos casos, el mantener estas dietas puede convertirse en una obsesión. En su caso personal, ha reconocido Abel Antón que, siguiendo la dieta, no rendía al máximo de sus posibilidades. «Decidí dejarla y llevar una alimentación normal. Así empecé a encontrarme mejor y a rendir», ha explicado. Según el ex atleta, el riesgo entre los deportistas está en la obsesión, en pensar que por comer menos se estará mejor deportivamente. Sin embargo, ha alertado de que la falta de alimentación suele compensarse con vitaminas o con otros compuestos o sustancias prohibidas cuyas consecuencias son muy peligrosas para el organismo.

Por su parte, Espido Freire ha criticado duramente a la publicidad como «mecanismo que transmite unos valores podridos que influyen en la aparición de enfermedades de la conducta alimentaria». Según la escritora, este daño es inmediato e irreversible y está presente en multitud de formas, en marquesinas, televisión e internet.

Considera que, además, la publicidad agudiza las contradicciones en las que se mueve la sociedad actualmente, que convierte en diferente la normalidad. Ha criticado el modelo de mujer que se transmite, identificándola como algo voluble y poco fiable; y los cambios en las noticias informativas. Como ha recordado, «en los informativos ya no se ven imágenes de hambruna porque el hambre no nos afecta. Ahora nos afectan otras cosas como las guerras, el sida».

Espido Freire también ha recordado que hay factores de fondo que contribuyen a que se cronifique la enfermedad: los mensajes reiterativos de la publicidad, la necesidad de satisfacer los impulsos de forma consumista, la sexualización de la mujer, el placer inmediato y la falta de expresión de emociones como el amor.

TRATAMIENTOS DE LOS TCA

EN el Congreso también se han expuesto los nuevos tratamientos de trastornos de la conducta alimentaria. El doctor Gonzalo Morandé, del Hospital Niño Jesús de Madrid, ha presentado el programa de hospitalización domiciliaria que llevan a cabo en el centro desde hace unos años. Se trata de un programa pionero en España y que ha tratado ya a unas 200 pacientes de anorexia nerviosa o de anorexia incompleta.

La opción de la hospitalización domiciliaria comenzó en 1998 como alternativa al tratamiento en el centro hospitalario para determinados casos. Según Morandé, «disponemos ya de datos para poder comparar la evolución de estas pacientes y puede verse que hay un 90% de recuperación y sólo un 10% de recaídas. Además, las familias salen reforzadas y están alertas ante cualquier indicio de posible recaída».

La hospitalización domiciliaria se propone a adolescentes que presentan unas características determinadas que hace pensar que este tratamiento puede llevarse a cabo. En primer lugar, debe ser su primer tratamiento de anorexia, deben llevar poco tiempo de evolución, tienen un índice de masa corporal de 14-15 kg/metros (lo normal es 19-20 kg/metros), y no deben tener otras complicaciones médicas o psiquiátricas.

Una vez las pacientes aceptan el programa y se sabe que contará con un equipo, en general la familia, que la vaya a ayudar, es necesario contar con la disposición total de los padres. El tratamiento dura entre 40 y 50 días. «Lo más importante es que la paciente tenga motivación suficiente para quedarse en casa y seguir rigurosamente el programa que se le establece para ese tiempo. Por otro lado, las familias deben hacerlo cumplir. Cuentan con todo el apoyo médico para poder enfrentarse a la enfermedad y hemos podido comprobar que, tras esta experiencia, salen más reforzadas y con más capacidad para aprender».