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La psicóloga Aurora Gavino asegura que estas personas «sufren» porque «no pierden la noción de la realidad»

SANTANDER, 27 (EUROPA PRESS)

Un 2,5% de la población posee algún tipo de trastorno del tipo obsesivo-compulsivo, un porcentaje que según la psicóloga Aurora Gavino «no es tanto», si bien «es bastante más respecto a los años sesenta», probablemente «porque se ha definido mejor lo que es la obsesión y antes otras personas con este mismo tipo de problemática se designaban con otro nombre».

Gavino, que participó esta semana en la Escuela de Psicología «José Germain» de la UIMP, aseguró en declaraciones a Europa Press que estos pacientes «sufren» mucho con sus obsesiones porque «no pierden la noción de la realidad» y perciben que a veces son tomados por «locos o ven que la gente se ríe».

Según explicó la catedrática de Personalidad en la Universidad de Málaga, a estas personas les «invade en la cabeza» una obsesión de hacer algo que «aunque saben que no tiene sentido, no pueden vivir sin hacerlo».

«El problema es que el obsesivo compulsivo a veces tiene duda de que ha hecho esta acción y entonces tiene que volverlo a hacer y volver a hacerlo, y se convierte en algo terrible porque no puede hacer una vida normal como todos los demás».

Como indicó la especialista, en principio «muchas de estas personas empiezan con lo que llaman manías», como «ordenar el despacho una y otra vez» hasta que se convierte en algo «inhabilitante» y «los de alrededor» toman conciencia del problema. No obstante, Gavino indicó que depende «mucho de la obsesión que se tenga», como puede ser la imposibilidad de alguien a acercarse a un niño «porque tiene miedo de matarlo, cosa que no hará nunca».

Dependiendo de la gravedad de la obsesión, se aplican distintas soluciones médicas, como la administración de ansiolíticos y antidepresivos o mediante técnicas conductuales, que tienen un índice de efectividad del 80%.

Para los pacientes en los que no funcionan estos sistemas, desde mediados de los noventa se están extendiendo las técnicas cognitivas, para ir combatiendo estos temores «mediante estrategias que están dentro de la misma obsesión», como lo que psicológicamente se denomina «congelación».

Esta última técnica consiste en que cuando aparece la obsesión el paciente «la congela», con lo que «más adelante», cuando este pensamiento «se descongela, ya no le es importante porque su ansiedad ha bajado mucho y ha tenido el suficiente espacio para pensar que no tiene sentido».