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PALMA DE MALLORCA, 1 (EUROPA PRESS)

Los tratamientos médicos para reducir el riesgo de que el dolor de espalda se vuelva crónico deben aplicarse a partir de los catorce días y no a las seis semanas, como hasta ahora se creía, según revela un estudio realizado por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), en el que ha participado investigadores de Baleares y varios centros de salud de las islas.

El estudio señala que más del 80 por ciento de los pacientes con dolor de espalda tienden a curarse espontáneamente, pero el pequeño porcentaje de pacientes en los que el dolor supera las doce semanas de duración, convirtiéndose en crónicos, causan más del 70 por ciento de los costes totales que genera esa dolencia y equivalen anualmente a entre el 1,7 y el 2,1 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).

Este estudio demuestra que los tratamientos eficaces para mejorar el grado de limitación y reducir el riesgo de cronificación del dolor de espalda deberían aplicarse a partir de los catorce días y no a las seis semanas como hasta ahora se creía.

El estudio desmonta creencias que estaban muy extendidas entre los especialistas, pero que no habían sido investigadas con rigor. De hecho, en el ámbito de las dolencias de la espalda son varios los ejemplos de esta situación, como la recomendación del reposo en cama como tratamiento del dolor (que ha demostrado ser inútil, cuando no perjudicial) o la de usar un colchón muy duro, que ha demostrado ser peor que uno de firmeza intermedia.

Eso confirma la necesidad de que, también en el ámbito de las dolencias de la espalda, cada aspecto de las actuaciones médicas se fundamente en rigurosos estudios científicos, tal y como defiende la Medicina Basada en la Evidencia, con el fin de evitar que se adopten decisiones que resultan contraproducentes para los pacientes.

Según este estudio, difundido por la revista «Spine», la principal publicación científica internacional en este campo, esperar a las seis semanas para aplicar un tratamiento no está justificado y puede explicar que hasta ahora fracasaran con frecuencia las medidas que se aplicaban en ese momento, puesto que ya era demasiado tarde.

Más de 100 médicos de Atención Primaria de distintas Comunidades Autónomas han participado en este proyecto, coordinado y financiado por la Fundación Kovacs, en el que se ha estudiado detalladamente la evolución de 366 pacientes con dolor lumbar agudo, analizando los factores que inciden en su evolución y aumentan el riesgo de cronificación.

El estudio ha sido liderado por equipos de investigadores de Baleares, de la Fundación Kovacs y los Centros de Salud de Arquitecto Bennásar (Palma), Ca»n Misses (Ibiza), Es Coll d»en Rebassa (Palma), Formentera, Santa Catalina (Palma), Santa Eulalia (Ibiza), S»Escorxador (Palma), Son Serra / La Vileta, Valldargent (Palma) y la Unidad Básica de Ibiza.

Algunos tratamientos han demostrado reducir las limitaciones cotidianas asociadas a las dolencias de la espalda, pero la gran frecuencia de estas afecciones (hasta el 80 por ciento de la población sufre dolor lumbar en algún momento de su vida), impide asumir el coste que conllevaría aplicar esos tratamientos en todos los casos. Además, tampoco estaría indicado hacerlo, pues algunos de esos tratamientos son relativamente agresivos y no tendría sentido usarlos en el 80 por ciento de pacientes que se va a curar por sí solo en unos días.

Para identificar a los pacientes que todavía no son crónicos pero en los que ya es necesario aplicar tratamientos específicos para que no lleguen a serlo, se ha establecido la fase «subaguda». Hasta ahora, se asumía que comenzaba 6 semanas después de la aparición del dolor y esos tratamientos se recomendaban a partir de ese momento.

Sin embargo, no existían estudios rigurosos que demostraran que ése era el plazo adecuado, y con frecuencia las medidas aplicadas en ese momento eran ineficaces para impedir que los pacientes se convirtieran en crónicos.

Por ello, la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda decidió promover un estudio enfocado a investigar con rigor el proceso de cronificación del dolor lumbar. Sus resultados demuestran que el límite entre la fase aguda y subaguda del dolor de espalda se sitúa a los 14 días de dolor.

A partir de ese momento, aumenta el riesgo de cronificación de las limitaciones asociadas al dolor y comienzan a aparecer los cambios en los determinantes de la calidad de vida que caracterizan a los pacientes crónicos.

Estos resultados permiten identificar precozmente al grupo de pacientes con mayor riesgo de convertirse en crónicos y mejorar su calendario de tratamiento, optimizando el resultado y la eficiencia de los recursos públicos.

RELACIÓN ENTRE DURACIÓN E INTENSIDAD DEL DOLOR

Además, este estudio profundiza en la correlación entre la duración e intensidad del dolor, las limitaciones de la actividad cotidiana que induce y la merma de la calidad de vida que conlleva. Los hallazgos demuestran que la intensidad del dolor cuando éste aparece no predice la gravedad de las limitaciones que padecerá el paciente ni el futuro deterioro de su calidad de vida.

Sin embargo, una duración de 14 o más días sí predice esas limitaciones y éstas se correlacionan con la merma de calidad de vida. Así, en definitiva, este estudio también confirma que es la duración del dolor -y no su intensidad- la que merma la calidad de vida y aumenta el riesgo de que se cronifiquen las limitaciones de la vida cotidiana.

Con ello, culmina una línea de estudio desarrollada durante años por equipos investigadores de la REIDE y financiada por la Fundación Kovacs para orientar el tratamiento a los aspectos que suponen mayor sufrimiento para el paciente con dolor lumbar.

En estudios previos, esos grupos investigadores ya habían demostrado que cuando el dolor aparece, su intensidad y las limitaciones que induce en la actividad cotidiana influyen poco en la calidad de vida global del paciente, pero que a los 14 días ya son su principal determinante. También habían mostrado que en muchos casos no coincide la evolución de la intensidad del dolor, el grado de limitación y la merma de calidad de vida, demostrando que la correlación entre esos parámetros era muy baja.