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MADRID, 4 (EUROPA PRESS)

El uso de los nuevos fármacos biológicos para el tratamiento de la artritis reumatoide y la psoriasis, como por ejemplo el adalimumab o el efalizumab, debe decidirse «con mucho cuidado en cada paciente» debido a que se trata de medicamentos «con importantes riesgos potenciales», según publica la Fundación Instituto Catalán de Farmacología en su publicación periódica, el «Butlletí groc». Además, el tratamiento con este tipo de medicamentos debe ir acompañado por un «seguimiento clínico estrecho a largo plazo».

Según la citada publicación, dirigida por el catedrático e Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Ramón Laporte, estas sustancias «de costes muy elevados» y «fuertemente promovidas como una innovación terapéutica» se han mostrado eficaces «en las formas graves y refractarias de estas enfermedades», si bien «preocupa su toxicidad a corto y a largo plazo».

En concreto, fármacos biológicos como los inhibidores del factor de necrosis tumoral (TNF) alfa o las proteínas de fusión, entre otros, «pueden aumentar el riesgo de infecciones, enfermedades inmunitarias y enfermedades neurológicas, y pueden empeorar una insuficiencia cardiaca». Asimismo, pueden también «producir reacciones de hipersensibilidad y alteraciones hematológicas».

Además, según la Fundación Instituto Catalán de Farmacología, al tratar a los pacientes con estos nuevos medicamentos «no se puede descartar un riesgo neoplásico a largo plazo», no recomendándose algunas combinaciones de inmunosupresores.

«Aunque su mecanismo de acción parece más específico que el de los demás supresores sistémicos, todavía hay mucha incertidumbre sobre los posibles efectos adversos de la inmunosupresión prolongada y sobre su seguridad en pacientes con infección, inmunosupresión o neoplasia», señala.

Como ejemplo, el «Butlletí groc» señala que «uno de los principales problemas asociados al tratamiento con los inhibidores del TNF alfa es el riesgo de infecciones graves, la reactivación de una tuberculosis o la posible aparición de otras infecciones oportunistas, con la particularidad de que este tipo de tuberculosis «tiene mayor riesgo de afectación diseminada del sistema nervioso y extrapulmonar, y es más grave».

Por otro lado, recuerda que «varios estudios han mostrado que los pacientes con artritis reumatoide (y en menor medida con enfermedad de Crohn y psoriasis) presentan más linfomas, sobre todo de tipo no hodgkiniano, que la población general», hasta el punto de que son «dos veces más frecuentes en el caso de pacientes con artritis reumatoide.

«El uso de inmunosupresores se ha relacionado con la aparición de neoplasias linfoproliferativas, y el aumento del riesgo de linfoma con los inhibidores del TNF ha generado preocupación», agrega.