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MADRID, 14 (EUROPA PRESS)

No es «bueno» que el receptor de un órgano conozca demasiados aspectos de la vida de un donante o su familia y viceversa, porque podría crear un trauma «al idealizar» a una persona extraña e integrarla en su familia sin que lo sea verdaderamente, comentó hoy a Europa Press Televisión Natalia Rojas, una mujer que se sometió a un trasplante de corazón hace nueve años.

«Tras el trasplante sólo podía creer en que una persona había tenido que morir para que estuviera viva. Pero no es así y esta idea que, para muchos trasplantados se asienta en sus mentes los primeros momentos, es errónea», comentó Rojas en el Día Mundial del Donante. «Sólo hay que pensar en la generosidad de la familia que ha posibilitado que una persona pueda rehacer su vida», agregó.

El 2 de diciembre de 1996 Rojas se sometió a un trasplante de corazón en el hospital Doce de Octubre de Madrid tras haber sufrido cuatro «by pass» y depender de una máquina para vivir. «Cuando me desperté estaba bien y muy tranquila. No tenía taquicardias y mi latido era anormal para mi, pero creo que normal para el resto del mundo. Me sentía bien y me explicaron lo que había pasado, ya que había estado entubada sin saber que me habían trasplantado un corazón. Me quedé sorprendida pensando que no me podía pasar a mi algo tan maravilloso», aclaró.

Así, después de siete u ocho meses y tras varias operaciones por infección tras el trasplante, Rojas señala que hace una vida «relativamente normal» e incluso asegura que si no se ve la cicatriz no pueden saber que está trasplantada de corazón. «Estoy viviendo ya casi nueve años de regalo. Es el mejor ejemplo que pueden tener muchas familias a la hora de decidir si quieren donar los órganos de su ser querido fallecido», concluyó.