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ZARAGOZA, 23 (EUROPA PRESS)

Las mujeres que fuman durante el embarazo tienen un riesgo 4,2 veces mayor de que su hijo nazca con un peso y una talla inadecuadas para su edad gestacional. Esta es una de las conclusiones más relevantes a las que ha llegado un estudio realizado por el Hospital Materno-Infantil de Zaragoza y que se ha presentado esta mañana.

Se trata de una tesis doctoral realizada por la pediatra Raquel Carceller, y dirigida por el jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Miguel Servet, Ángel Ferrández, y por el doctor Romo, destinada a establecer las causas principales del crecimiento intrauterino retardado.

La consejera de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón, Luisa María Noeno, explicó que esta tesis se presenta, «aunque no solemos hacerlo», dado el valor «extraordinariamente alto que tiene tanto en el aspecto sanitario como en cuanto a las líneas educativas a seguir a raíz de sus conclusiones».

Noeno dijo asimismo que estas directrices educativas «deben ser inmediatas», pues en el Hospital Infantil del Miguel Servet «cerca de 200 niños nacen cada año con este problema», cuya cifra se ha duplicado en los últimos 12 años, por lo que «ha tenido que ampliarse la UVI Natal de este centro, y la del Clínico Lozano Blesa está en proceso».

«Debemos incidir en prestar atención sanitaria para aumentar la calidad y trabajar en la educación para la salud de las mujeres que están gestando o tienen intención de hacerlo», apuntó la consejera.

Según este estudio, además del tabaquismo activo, entre los factores causantes del peso y la talla inadecuadas de los recién nacidos no prematuros, se encuentran también el tabaquismo pasivo, el estrés, las condiciones laborales, la mala nutrición o algunas características genéticas.

«El llevar una dieta saludable, realizar ejercicio moderado y no tomar cafeína durante el embarazo favorecen también la adecuada formación del feto», continuó Noeno, quien recomendó a las madres «tener esto en cuenta», y aseguró que desde el Gobierno «trabajaremos para lanzar mensajes prácticos y didácticos en relación a estos factores prevenibles».

Por su parte, el jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Miguel Servet, Ángel Ferrández, agradeció a la consejera «haber asumido este reto», y se refirió a esta anomalía de los recién nacidos como un problema «mucho más complejo, porque repercute en la etapa infanto-juvenil y también en la adulta», dado que el ser humano es un continuo. «El problema además arruina a las familias de estos niños, pues cada caso supone un gasto de 600.000 euros», dijo.

Raquel Carceller, autora del estudio, explicó que este se inicio en 2003 debido «al aumento en la incidencia de casos de bebés nacidos con el problema». «Para ello seleccionamos 100 de los 200 niños que nacieron así ese año y entrevistamos a sus madres», con objeto de extraer los factores de riesgo, «para centramos luego en los prevenibles», dijo Carceller.

«El grupo de control del estudio lo constituyeron 100 niños normales» y sus respectivas madres, a quienes también se entrevistó, para establecer las comparaciones pertinentes, que arrojaron conclusiones tales como que los niños cuyas madres fuman más de 10 cigarros diarios «pesan una media de 200 gramos menos que los de las mujeres que no los fuman», o que el tabaquismo pasivo multiplica por 3 el riesgo de que el niño nazca con esta anomalía.

Igualmente un número elevado de las madres de estos niños se encontraban en situaciones de estrés laboral, o personal, y sufrían síntomas como dificultad el sueño o palpitaciones, y «dos tercios trabajaban fuera de sus casas».

«Hace falta una política laboral o una ley que ampare a las mujeres durante su embarazo, y sobre todo es importante luchar contra el tabaco», concluyó Carceller.

Además, el jefe del Servicio de Obstetricia del Hospital Miguel Servet, Javier Tobajas, se refirió al estudio como «bien planteado», y dijo que «nosotros trabajamos con las embarazadas y junto al Servicio de Pediatría les daremos recomendaciones». Tobajas añadió que el problema es aún más complejo clínicamente, al carecer de un diagnóstico precoz, y que «suele detectarse a mitad de embarazo por lo que ya que no podemos retrotraer el proceso, adelantaremos los factores de riesgo a las embarazadas mediante campañas de orientación para que minimicen los riesgos»

«El 40 por ciento de los retardos en el crecimiento diagnosticados exigen la realización de cesáreas, lo que además dispara el gasto sanitario», concluyó Tobajas.

Finalmente, la jefa del Laboratorio de Biología Molecular del Hospital Miguel Servet, Maite Calvo, explicó que las lesiones también se observan en la placenta, que en el caso de estos bebés «funciona mal», y se ve «tanto en la expresión de genes que codifican factores indispensables para el feto», como en aquellos que muestran «»apoptosis» o suicidio celular programado muy aumentado, esto es, una muerte celular exagerada».

La placenta es el órgano más dañado por distintos factores, entre los que se han destacado, por orden de importancia, el consumo de tabaco, tanto de la embarazada como de la pareja, el estrés y el número de horas trabajadas –especialmente si el trabajo es de pie–, pero influyen también la ingestión de alcohol, el nivel socioeconómico o la talla de los padres.

Según los datos que se recogen en este estudio, entre el 10 y el 15 por ciento de estos niños no recuperan la talla a lo largo de los primeros cuatro años de vida y hay que tratarlos con hormonas de crecimiento hasta los 15 o los 16 años de edad.

Además, existe en ellos una clara predisposición a desarrollar complicaciones englobadas en el llamado «síndrome metabólico del adulto ya joven» como la obesidad, la hipertensión, el aumento de colesterol y los triglicéridos, diabetes por resistencia a la insulina o accidentes cerebrovasculares, entre otros. Más de un tercio de estos niños tiene problemas de rendimiento escolar y son constantes el déficit de atención y la dispersión.