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La Fundación Cultural de Ibercaja ofrece un curso para dejar de fumar y ofrece la devolución del 60% del coste si se logra

LOGROÑO, 1 (EUROPA PRESS)

El fumador «no deja el hábito por una influencia externa», y, si lo hace, «volverá a fumar» porque, para abandonar el tabaco, «hace falta una reflexión interna acerca de por qué fumo y qué me aporta el tabaco». De este modo, la Ley del Tabaco, que entra hoy en vigor, podrá hacer que algunas personas dejen de fumar, pero sólo como impulso a una decisión interna.

La psicóloga Ana Angulo, del Gabinete Sicológico ADARA, explicó a Europa Press que la nueva ley «puede que, a algunas personas, les ayude a reflexionar», pero resaltó que, por imposición, no se puede dejar de fumar. Para casos en los que este empuje nace de un deseo interior, ADARA oferta un curso para dejar de fumar, junto con Ibercaja.

Preguntada acerca de cómo influirá la Ley del Tabaco en los Fumadores, Angulo explicó que «dependerá de la persona». «Hay quien dice», indicó, «que nacemos con un defecto de fábrica, que es la respuesta de contradicción», lo que nos provoca una necesidad de hacer lo contrario de lo nos imponen. «Por eso algunos dirán que no les da la gana dejar el tabaco».

En cuanto al curso, se presenta bajo el título «Vivir sin tabaco. Técnicas para dejar de fumar» y comienza a impartirse el 18 de enero. Tiene un precio de cien euros, ochenta en el caso de los clientes de Ibercaja. Sin embargo, se ofrece la posibilidad de recuperar el sesenta por ciento si se deja de fumar «como forma de ofrecer un incentivo, aunque el precio sea lo de menos», explicó la directora de la Fundación, Mayte Ciriza.

La idea de la que nace la terapia, relató por su parte Angulo, es que la adicción tiene tres tipos de componentes; biológico, psicológico y social. Cada persona tiene más desarrollado uno que los demás, por lo que, una vez encontrado, se trabaja para que la persona deje de fumar atacando directamente su tipo de adicción.

La biológica es «cuando el cuerpo te pide un cigarro», la psicológica cuando se relaciona con una idea, por ejemplo, se fuma como premio después de haber hecho un trabajo, o para desconectar. Por última, la social es la que hace que una persona pueda estar toda la semana sin fumar y, el fin de semana, cuando sale de copas, necesite hacerlo.

El trabajo se hace en grupos de un máximo de diez personas. «En primer lugar, para que resulte más económico», indicó la psicóloga. Pero, también, para que se apoyen unos a otros. «No se trata de una terapia de grupo», especificó, «sino un trabajo en grupo». Señaló que, en algunos casos, se dan los teléfonos y se llaman si les apetece fumar.

Antes de llegar al «día D», en el que los participantes ya no vuelven a encenderse un cigarro, se trabaja, primero, en unas sesiones para preparar a los fumadores para ese momento. «Nosotras siempre ponemos el ejemplo del montañista», señaló, «para ascender a una cumbre necesitas llevar contigo cosas en la mochila que te ayuden». Por tanto, «se le dota al fumador de recursos».

Entre estos recursos pueden encontrarse desde la hipnosis clínica, hasta la relación, pasando por «diferentes cosas que vienen bien, como evocar una montaña o un paisaje». En este sentido, preguntada acerca de si hay que cambiar de hábitos, respondió de forma tajante que «no» porque «si cambias, dejas de salir, por ejemplo, al tiempo volverás a fumar». Precisamente, indicó, una parte de la terapia se basa en saber qué te aportaba el tabaco en esas situaciones y encontrar una alternativa.

Por ejemplo, si era para relajarse se trabajan técnicas de respiración; «algo que los no fumadores ya hacen, pero que quienes fuman han sustituido por el tabaco». Precisamente, apuntó, «esta es la parte más difícil de la terapia, porque si se pregunta qué te aporta el tabaco todo el mundo responde que nada, pero siempre hay algo». Las razones puede ir desde «ser uno más» en un grupo de fumadores hasta «entretenerse, tener más facilidad para hablar…»

En la terapia se analizan la motivación para dejar de fumar, el índice de adicción y dónde coloca la persona el control. Si es externo, por causas como la ley, «será muy difícil», por lo que se le dirá a la persona «que a lo mejor no es el momento, que haga la terapia cuando realmente quiera dejarlo».

La disminución, por último, no es progresiva; desde el «día D» no se fuma un cigarro; «y si a quienes están haciendo la terapia les entran muchas ganas les decimos que, antes de fumar, nos llamen por teléfono». «Al final», aseguró, «la sensación es de que no ha sido tan difícil».

Si en el proceso fuman un cigarro Angulo aseguró que «no es una recaída, siempre que no se vuelva a fumar lo mismo que antes»; se trata de algo «que forma parte del proceso, y lo que hay que hacer es reflexionar acerca de por qué se ha fumado ese cigarro».