.

MADRID, 22 (EUROPA PRESS)

El número de mujeres con cáncer de vejiga ha aumentado considerablemente en España en los últimos 20 años debido, fundamentalmente, al consumo de tabaco y a su incorporación a trabajos de carácter industrial, según advirtió hoy la Asociación Española de Urología.

Pese a ello, este tipo de tumor urológico es más frecuente en los hombres que en las mujeres. En España se diagnostican cada año unos 8.000 nuevos casos de cáncer de vejiga.

El doctor Eduardo Solsona, del Instituto Valenciano de Oncología y miembro de la Asociación Española de Urología, aseguró que el hábito de fumar entre la población ha provocado un incremento del número de casos de tumor vesical. «La actual legislación prohíbe el uso de determinados cancerígenos que antes se utilizaban en algunas industrias y que estaban directamente relacionados con la aparición del tumor vesical. Por este motivo –precisó– el tabaco ha pasado a ser el principal factor de riesgo».

Según el doctor Solsona, en otros países existe una diferencia notable en la incidencia del tumor de próstata y el de vejiga, pero en España la diferencia aún es pequeña, con una media de unos 20 afectados y 5 muertes por cada 100.000 habitantes y año. A pesar de su elevada incidencia, la mortalidad no es alta porque en muchas ocasiones resulta curable.

SIGNO DE ALERTA

En todos los casos el principal síntoma que alerta al paciente es la presencia de sangre en la orina (hematuria), que suele aparecer la mayoría de las veces de manera aislada. «No se acompaña de dolor ni de abundantes ganar de orinar, ni de otros trastornos miccionales. El paciente debe acudir inmediatamente a la consulta cuando aparece este síntoma», añadió este especialista.

El diagnóstico precoz de este proceso oncológico es el medio más eficaz de combatir un tumor cuya capacidad de diseminación, y por tanto de desarrollar metástasis, se produce en una fase avanzada de su evolución. «Si se actúa pronto –subrayó el doctor Solsona– se puede obtener, en la mayoría de los casos, la curación únicamente con cirugía, y lo que es más importante todavía, incluso conservando la vejiga y su función».

El tratamiento se selecciona en función de la fase por la que pase el tumor. Los que no comportan un riesgo vital para el paciente, que son los más numerosos, son los vesicales superficiales, en los que se consigue un control de casi el 80% de los casos con tratamientos conservadores, sin necesidad de extirpar la vejiga, y con un seguimiento adecuado del paciente.

Por el contrario, cuando los tumores infiltrantes son muy agresivos, se requiere la extirpación completa de la vejiga y el uso de quimioterapia. Con esta estrategia se logra una supervivencia del 60%. «Sin embargo, gracias a los nuevos tratamientos y a técnicas quirúrgicas más sofisticadas y eficaces hemos conseguido mejorar los resultados que lográbamos hace diez años», concluyó este experto.