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MADRID, 21 (EUROPA PRESS)

Unos 50.000 ancianos sufren epilepsia en España, derivada principalmente de enfermedades cerebrovasculares y demencia, según se recoge en el libro «Crisis y epilepsia en el anciano», escrito por los neurólogos José Angel Mauri Llerda y Francisco Javier Vadillo Olmo, coordinadores de las unidades de epilepsia del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza, y del Hospital da Costa de Burela (Lugo), respectivamente.

Según estos especialistas, la epilepsia sigue siendo una enfermedad desconocida para la mayoría de la población y, precisamente por ello, genera una estigmatización social de los enfermos, todavía mucho mayor cuando el afectado es un anciano, ya que los problemas derivados de la enfermedad se añaden a otros como falta de recursos económicos, pérdida de independencia y mayor número de ingresos en residencias y otras instituciones.

Sin embargo, añaden los expertos, muchos de estos problemas podrían evitarse con un manejo adecuado del tratamiento de la epilepsia en esta franja de edad. La epilepsia puede afectar a cualquier persona, de cualquier edad y procedencia, aunque los dos momentos en los que su incidencia es mayor son en la infancia y en la tercera edad.

Así, se estima que la epilepsia afecta al 1% de la población anciana, cifra que aumentará en los próximos años debido al envejecimiento de la población mundial, pues con el aumento de la esperanza media de vida también se ha incrementado el número de afectados por distintas enfermedades neurológicas. La causa principal de epilepsia en el anciano es la enfermedad cerebrovascular (44% de los casos) y la demencia (9-17%), seguidas de los traumatismos, los tumores o el alcoholismo.

«La epilepsia de nuevo diagnóstico es hoy en día más frecuente en el anciano que en cualquier otro grupo de edad», señaló el doctor Mauri, quien subrayó que continúa incrementándose en cada subgrupo de ancianos de más edad hasta llegar a los pacientes mayores de 85 años, cuya incidencia es tres veces más grande que en los del grupo de 65 a 69 años.

A su juicio, el mayor problema de los ancianos con epilepsia se encuentra en la selección del tratamiento más adecuado a cada caso, debiéndose elegir cada fármaco antiepiléptico en función del tipo de crisis, la medicación concomitante y la patología coexistente.