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AGUIÑO (A CORUÑA), 2 (EUROPA PRESS)

Manuel Rey Sampedro, un vecino de la parroquia de Aguiño, en Ribeira (A Coruña) tuvo que ingeniárselas para idear un trasporte para su perro después de que hace dos años un coche atropellase al animal, Roque, que quedó inutilizado de sus patas traseras.

Movido por el amor hacia el animal, que le acompaña desde hace más de siete años, Manuel preguntó al veterinario de Ribeira sobre la posibilidad de adquirir una especie de «sillas de ruedas» para perros que «había visto en el aeropuerto de Ámsterdam hacía años», tal y como comentó en declaraciones a Europa Press Televisión.

Efectivamente, el veterinario mostró al dueño del perro una revista donde aparecía un distribuidor español de este tipo de aparatos, no muy extendidos en nuestro país, que cobraba por el objeto un total de 800 euros entre importación y transporte, una cifra «muy elevada», según aseveró Manuel.

Pasado el tiempo, el dueño se percató de que el perro «quería venir» cuando le veía coger «el carro de la compra» por lo que un día se lo colocó sobre el cuello «y él arrancó a andar». Manuel decidió entonces modificar el carro tomándole las ruedas y un poco de tela, para fabricarle a su can un transporte con el que moverse ágilmente ayudado por sus patas delanteras.

Manuel señaló a Europa Press Televisión que Roque «tropezaba un poco los primeros días» que caminó con ayuda de su carrito, pero que ahora «anda encantado» y «si le pones un paquete encima va contento como si fuera a hacer un recado».

Roque, que se ve feliz, camina sin problemas ayudado por el carro y pasea todos los días hasta la playa con su dueño, que solo lamenta que no haya «un manitas» que le pueda ayudar «perfeccionando el carro» de manera que sea más cómodo y resistente para el inquieto animal.

Manuel Rey muestra orgulloso su amor por sus perros, a los que dedica la mayor parte del tiempo después de haberse quedado viudo hace un mes, y lamenta profundamente que su localidad, Aguiño, se hiciese famosa hace unos meses por los videos difundidos por un veterinario en los que un vecino maltrataba brutalmente a un perro.