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BRUSELAS, 13 (EUROPA PRESS)

Greenpeace pidió hoy a la Unión Europea que rechace la propuesta de la Comisión para permitir el cultivo de una patata modificada genéticamente que se empleará para la producción de almidón y pienso alegando que contiene genes que la hacen resistente a los antibióticos y supone por ello un riesgo significativo para la salud y el medioambiente.

La declaración se produjo de cara a la reunión de ministros de Agricultura del próximo lunes, 16 de julio, en la que se someterá a votación esta medida. Según explicaron fuentes diplomáticas, el Consejo de Agricultura no tomará ninguna decisión porque no hay una mayoría suficiente ni a favor ni en contra de la autorización, con lo que la última palabra la tendrá el Ejecutivo comunitario.

La organización ecologista denunció que, según la legislación de la UE, el tipo de genes añadidos a dicha patata deberían haber sido retirados a finales de 2004 y que, a pesar de ello, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, según sus siglas en inglés) dio el visto bueno a la patata producida por la empresa alemana BASF, afirmando que los genes resistentes a los antibióticos no suponen un riesgo «relevante» para la salud humana ni para el medioambiente. No obstante, según Greenpeace, la EFSA no descarta que el cultivo de esta patata pueda tener como efecto la resistencia de los humanos a los antibióticos.

El asesor político en materia de transgénicos de Greenpeace, Marco Contiero, dijo que «incrementar la resistencia a los antibióticos en los humanos y los animales, supone un peligro médico ampliamente reconocido. Todo uso innecesario de genes resistentes a los antibióticos en plantas es, por tanto, irresponsable, ya que supone una amenaza directa a la salud de humanos y animales».

La organización ecologista también advirtió de que la patata de BASF no fue sometida a los controles que exige la legislación de la UE. «La Comisión Europea está consultando a los Estados miembros para aprobar la patata de BASF, aunque se está omitiendo información básica sobre su impacto en la salud y el medioambiente. La EFSA no ha investigado los efectos de dicha patata en la biodiversidad ni las consecuencias ecológicas de su cultivo», criticó.

«La empresa química BASF no proporcionó a la EFSA datos sobre el impacto medioambiental de sus patatas transgénicas. Por el contrario, limitó sus estudios a los efectos de su patata sobre la fauna y la flora del entorno. Esto supone una burla a la legislación de la Unión Europea, que exige que todas las solicitudes para cultivar plantas transgénicas incluyan un estudio exhaustivo sobre su impacto medioambiental», explicó Contiero.

Según Greenpeace, la EFSA, a pesar de admitir que los datos facilitados por BASF presentan irregularidades, ha aceptado la petición de la empresa alemana sin realizar investigaciones científicas independientes. «Esta patata podría contaminar la cadena alimentaria y el medioambiente. Si se aprueba, la patata podrá cultivarse de forma legal en cualquier Estado miembro de la UE, a pesar de que la mayoría todavía no han puesto en marcha ninguna medida para proteger a la agricultura tradicional y ecológica de la contaminación que suponen las plantas modificadas genéticamente», concluyó Contiero.

Según los datos proporcionados por la ONG, en caso de aprobarse, será la primera vez desde 1998 que se autoriza el cultivo de plantas manipuladas genéticamente en la Unión Europea.