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SANTANDER, 31 (EUROPA PRESS)

La psicóloga Belén Sarasua afirmó hoy que las víctimas más jóvenes de la violencia de género acuden antes en busca de ayuda, pero que presentan mayores daños psicológicos, durante su intervención en el curso de la Universidad de Cantabria (UC), «Las otras víctimas de la violencia».

Según explicó la psicóloga las personas más jóvenes «tienen mayor conciencia de la situación que atraviesan». Por otro lado, informó de que cada año se atienden 400 víctimas en el Servicio de Asistencia Psicológica para la Violencia Familiar y Sexual, del que es responsable en el País Vasco y destacó la «enorme» demanda de atención psicológica en la que hay cada vez más víctimas jóvenes, informó la UC en un comunicado.

Asimismo, habló de las víctimas indirectas de este tipo de violencia, es decir, «quienes sufren los problemas derivados del maltrato a personas de su entorno». «Suelen ser los padres», subrayó, por lo que desde el Servicio de Asistencia Psicológica se ha realizado un estudio a 66 madres de víctimas de malos tratos, bien por parte de su pareja o por agresores sexuales.

De este estudio se desprende que «la gravedad de las consecuencias psicológicas de los padres está muy relacionado con el tipo de delito vivido por sus hijas» y que los padres «que mayor impacto emocional desarrollan son los que han perdido a sus hijas por homicidio», mientras que los padres cuyas hijas han sido víctimas de agresiones sexuales «están peor que los padres cuyas hijas han padecido maltrato físico».

Otra de las variables que se observan es que, en el caso de los progenitores, se asimilan peor los maltratos psicológicos que los físicos, ya que es un delito que «se oculta» y es «más difícil de demostrar».

LOS NIÑOS.

En su intervención, la otra responsable del Servicio de Asistencia Psicológica para la Violencia Familiar y Sexual, la psicóloga Irene Zubizarreta, se refirió a las secuelas que padecen los menores que han vivido una situación de malos tratos en el ámbito familiar.

«Los niveles de ansiedad y depresión no son lo más importante» en el caso de los niños, destacó Zubizarreta, ya que, en este supuesto, los problemas de comportamiento (sobre todo en la adolescencia), las conductas de tipo agresivo y las dificultades de adaptación al colegio o los amigos «son los rasgos más comunes» que se aprecian.

En su opinión, durante la terapia que se aplica al menor tiene mucho que ver la madre, «muy necesaria a la hora de hacer un seguimiento al niño». En el tratamiento el objetivo es enseñar a los niños a «controlar su ira, mejorar el nivel de autoestima, sus habilidades de comunicación o las relaciones sociales», señaló.