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BARCELONA, 26 (EUROPA PRESS)

Casi el 30% de los adolescentes que tienen un padre enfermo de cáncer presentan estrés postraumático durante el año siguiente al diagnóstico de la enfermedad, según un estudio presentado hoy en el XIV European Cancer Conference de Barcelona.

En declaraciones a Europa Press, la investigadora del Centro Médico Universitario de Groningen (Países Bajos), Gea Huizinga, aseguró que estos adolescentes “se sienten solos y diferentes a sus amigos” y, aunque “necesitan ayuda para superar lo que sienten, se esfuerzan en parecer invisibles”. El “peor de los casos”, según explicó, se da entre las chicas cuya madre sufre cáncer.

El estudio, realizado entre 49 adolescentes, se basó en tres cuestionarios sobre el nivel de estrés postraumático que se realizaron durante el primer año tras el diagnóstico. El primero de ellos mostró que el 29% de los analizados presentaban niveles de este trastorno “clínicamente elevados”, lo que para Huizinga significa que necesitaban ayuda psicológica. En la segunda y tercera ronda de preguntas, la proporción de los que padecían estos síntomas redujeron hasta el 16% y el 14%.

Los niveles de estrés eran equiparables a los que mostraban estos adolescentes cinco años después del estudio –en un seguimiento de su comportamiento una vez superada la enfermedad–. “El síndrome de estrés postraumático relacionado con el cáncer de uno de los padres fluctúa con el tiempo, reduciéndose durante el primer año tras el diagnóstico, pero reapareciendo en los siguientes años”, dijo.

LOS PADRES NO SON CONSCIENTES.

Huizinga señaló la “importancia” de que los adolescentes reciban atención psicológica tras el diagnóstico de cáncer en uno de los miembros de la familia, ya que los padres no son “conscientes de la magnitud del problema” de sus hijos. Según los cuestionarios realizados a los progenitores, la persona enferma, y aún más su pareja, “subestimaban el nivel de problemas emocionales y de comportamiento de los chicos”.

Huizinga justificó a ambos alegando que, por un lado, la persona que padece cáncer se encuentra “débil y ya tiene suficiente con preocuparse de superar la enfermedad”, mientras que la pareja es “menos sensible al comportamiento de sus hijos porque trabaja fuera de casa, debe ocuparse de los problemas económicos, de sus propios sentimientos y de las tareas domésticas”. “No puede prestar atención a todo”, consideró.

En este sentido, el estudio comprobó que los padres enfermos eran “más capaces de captar la angustia de sus hijos si el síndrome de estrés postraumático era mayor”, pero aún así, apuntaban “menos problemas que los propios adolescentes”.

PUEDEN LLEGAR A DELINQUIR.

La investigación afirma que los chicos que ya tienen problemas psicosociales antes del diagnóstico de uno de los progenitores, “les resultará más difícil asumir el cáncer de su progenitor que a los niños que se desenvuelven bien”. Los problemas emocionales y de comportamiento que experimentan los adolescentes en estos casos suelen traducirse en molestias físicas, ansiedad, acciones agresivas e, incluso, “delictivas”.

Si además sufren el síndrome de estrés postraumático esto les provoca recuerdos recurrentes que les producen “angustia” y también es común que intenten evitar hablar de ellos. Según señaló Huizinga, los problemas de comportamiento entre los adolescentes con estrés postraumático tendían a desaparecer con el tiempo, mientras que los emocionales “parecían persistir”. “Cuando el tratamiento está completo parece que todo vuelve a la normalidad y cesan los comportamientos rebeldes, pero los adolescentes siguen sintiendo que su vida ha cambiado y nada volverá a ser igual”, lamentó.