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ALMERÍA, 15 (EUROPA PRESS)

El Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha indemnizado a la familia de Carmen D.L., una mujer almeriense de 38 años de edad que falleció en febrero de 2007 a consecuencia del trasplante de un riñón afectado de cáncer.

El marido de la fallecida, Cristóbal P., en declaraciones a Europa Press, declinó precisar la cuantía de la indemnización concedida, pero aseguró que la resolución del SAS, que inició de oficio una investigación tras la muerte de su esposa, determinó la existencia de una responsabilidad patrimonial de la Administración por el “desproporcionado resultado” entre la asistencia sanitaria y el fallecimiento de la paciente.

En enero de 2006, según publica hoy el diario “Almería Actualidad”, Carmen D.L. recibió en el hospital Carlos Haya de Málaga un riñón procedente de un varón de 41 años que había muerto el día anterior a causa de un accidente cerebro vascular y del que también se donó el otro riñón a un joven almeriense de 32 años.

La fallecida, según su cónyuge, sintió desde el primer momento “un gran malestar” que los médicos achacaron al rechazo del órgano, hasta que, en diciembre de 2006, el receptor del otro riñón ingresó en el Carlos Haya con nódulos en los pulmones y la cabeza que, según desvelaron las pruebas, se habían infectado por un tumor procedente del riñón trasplantado y que le ocasionaron la muerte.

El centro citó entonces de urgencia a Carmen D.L., enfermera de profesión, para practicarle las correspondientes pruebas y constató que el cáncer estaba extendido por las mismas zonas que en el caso del joven, por lo que inició un tratamiento de quimioterapia que, según la familia, “rebajó aún más” sus defensas y no pudo evitar que falleciera.

Por su parte, fuentes del SAS argumentaron que los trasplantes de órganos suponen un tratamiento “imprescindible” para salvar la vida y mejorar la calidad de la misma a las personas que lo requieren y precisaron que, desde la puesta en marcha del programa de trasplantes, cerca de 10.000 andaluces han podido beneficiarse de estos tratamientos, con “muy escasos” fallecimientos a consecuencia de una enfermedad tumoral trasmitida por el donante.

Las mismas fuentes indicaron que la posibilidad de que pacientes trasplantados de órganos fallezcan por un tumor transmitido por el donante, según las distintas estadísticas tanto nacionales como internacionales, se sitúan entre 0,5 y una por cada 1.000 pacientes trasplantados.

El SAS, que lamentó la muerte de la paciente, explicó que actualmente no existe tecnología ni analítica capaz de detectar todos los tumores en estadios incipientes en los órganos destinados a trasplantes, ya que los tumores en sus estadios iniciales, al estar en el interior de los órganos, son siempre indetectables. De este riesgo conocido se informa, en todo momento, a los trasplantados y a sus familias cuando entran en lista de espera y firman el consentimiento informado.

Por último señaló que los progresos en técnicas diagnósticas van a permitir sin embargo en un futuro disponer de tecnologías que minimicen esta incertidumbre que, a día de hoy, está presente en cualquier centro de trasplantes del mundo, por lo que valoró que no es “deseable” generar ningún tipo de alarma social.