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MADRID, 29 (EUROPA PRESS)

El consumo moderado de vino puede tener efectos beneficiosos para evitar el deterioro cognitivo y las enfermedades cardiovasculares, según destacaron los neurólogos que han participado en la jornada «Neurología y Vino» celebrada ayer en Madrid bajo la organización de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Según explicaron a través de un comunicado, el componente de alcohol del vino, así como su olor, sabor y vista, liberan en el cerebro una serie de sustancias que, por un lado, crean la reacción física de placer y por otro, el sentimiento, en este caso bueno. Estas sensaciones se guardan en la memoria y se realiza un aprendizaje progresivo que permitirá en un futuro diferenciar más sabores y olores, así como a relacionar estas sensaciones con sentimientos positivos.

En estas reacciones está muy implicada la liberación de dopamina, una sustancia muy relacionada con los sentimientos de placer y recompensa. «De joven no te gusta el vino pero cuando empiezas a tomarlo y ves que el efecto y el gusto no es malo y lo asocias con situaciones agradables, empieza a gustarte y finalmente, lo echas de menos de vez en cuando» añadió a modo de ejemplo la coordinadora del Grupo de Estudio de Epidemiología de la SEN, Rocío García-Ramos.

Por su parte, el también miembro de dicho estudio, Alberto Villarejo, explicó que la vista, el olfato y el gusto convergen en diferentes regiones cerebrales que se encargan de procesar aspectos como el reconocimiento del alimento, su intensidad, temperatura, textura o contenido graso.

Los principales centros cerebrales encargados de esta integración sensorial son la corteza orbitofrontal medial y la circunvolución del cíngulo. Existen experimentos recientes realizados con resonancia magnética funcional, que analizan aspectos como las diferencias entre las áreas cerebrales que se activan en sumilleres y aficionados no profesionales, la influencia del color en la interpretación de olfato y gusto, o del precio del vino como factor determinante para que nos guste. «Parece indudable que si sabemos que un vino es caro, nos gustará más, lo que demuestra la modulación que el cerebro puede ejercer sobre los sentidos primarios».

En cuanto a las recomendaciones de consumo, los neurólogos que han participado en este encuentro han señalado que los efectos del alcohol siguen una curva en forma de «J» dado que entre las 6 y las 14 copas de vino semanales es cuando el riesgo de mortalidad es más bajo. Dicho riesgo incrementa a medida que aumenta el consumo de alcohol.