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BILBAO, 23 (EUROPA PRESS)

La medicina anti-aging o programas de control científico del envejecimiento tiene como finalidad controlar factores externos, como el estrés, sol, tabaco, alcohol o mala alimentación, que aceleran el envejecimiento para ralentizar y atenuar “un proceso natural inevitable”, según expuso el director médico de Sotogrande Health Experience, Manuel J. Castillo Garzón, en el marco del Congreso Fibell 2008 que se celebra en el Palacio Euskalduna de Bilbao.

Este especialista recordó cómo “llama la atención que unas personas envejecen muy rápido y aparentan tener más edad de la que tienen, mientras que en otras parece que no pasa el tiempo por ellas y aparentan menos edad”. “Estas personas -añadió- se encuentran bien física y mentalmente, se conservan mejor tanto de aspecto externo como en su funcionamiento interno”.

Castillo indicó que la sabiduría popular atribuye este don a los genes, “pero lo cierto es que sólo representan el 25 por ciento de la longevidad” y el resto se debe a causas externas, “lo que más de uno llama mala vida: estrés, tabaco, alcohol, contaminación, radiaciones solares, alimentación inadecuada”.

Según señaló, “los enemigos son múltiples y atacan donde más duele” la oxidación celular, principal causa del envejecimiento”. Para reducir su efecto, explicó, “ha nacido la medicina antienvejecimiento o “anti-aging”, a la que se apuntan cada vez más personas como fórmula para mejorar su calidad de vida y anticiparse a la aparición de posibles enfermedades degenerativas, como el Alzheimer o el cáncer”.

Castillo apuntó que la ralentización o aceleración del envejecimiento “depende, en parte, de la propia constitución de la persona, pero, sobre todo, está ligado a una serie de factores externos a la persona sobre los que se puede influir, bien en sentido positivo (para envejecer menos) o en sentido negativo (para envejecer más)”.

El experto indicó que “hoy día se han identificado esos factores y se dispone de medios para potenciar los efectos de unos y atenuar los de otros”. Según precisó, la medicina antienvejecimiento es, “ante todo, una medicina preventiva que busca retrasar el proceso de envejecimiento biológico”.

En ese sentido, subrayó que “el resultado de estas acciones es un rejuvenecimiento que se siente, porque lo aprecia el sujeto que se somete a la actividad, y se ve, porque lo aprecian los demás”. Este conjunto de medidas se concentran, explicó, “en los programas de medicina anti-aging o de control científico de envejecimiento que comienzan con un estudio en profundidad del estado de salud y capacidad funcional lo que permite saber de qué situación se parte”.

Castillo señaló que el objetivo de estos programas es “contrarrestar la oxidación celular, en favor de una temprana detección, prevención y corrección de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento”. Para la medicina anti-aging, añadió, la clave está en los radicales libres, “ya que está comprobado que un aumento en la producción de estas moléculas acelera el desgaste fisiológico del organismo”.

Por último, destacó que la medicina antiaging permite “adelantarse al futuro y reducir el riesgo de padecer dolencias como la arteriosclerosis o el infarto en función de la predisposición genética del individuo”. Así, indicó de que “si los marcadores de lípidos no se encuentran dentro de lo normal, el paciente es más propenso, por ejemplo, a sufrir en el futuro enfermedades degenerativas de tipo neuronal, como el Alzheimer”.