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BILBAO, 17 (EUROPA PRESS)

El neurólogo y psiquiatra bilbaíno, Javier Aizpiri, calculó que el 90 por ciento de la población española bebe alcohol habitualmente. El 10 por ciento de la población española masculina, añadió, tiene “un problema grave” de alcoholismo, mientras que esta cifra se sitúa en el 5 por ciento en lo que respecta a la población femenina.

En declaraciones a Europa Press TV realizadas con motivo del “Día Mundial Sin Alcohol”, Aizpiri aseguró que el alcoholismo supone el 20 por ciento de las urgencias siquiátricas. Es más, explicitó, “una de cada tres personas ingresadas en hospital siquiátrico tiene un problema de alcohol”.

Según los datos que maneja Aizpiri, que se hace eco de los ofrecidos por el Gobierno español, el consumo de alcohol supone la causa del 20 por ciento de los ingresos en los hospitales siquiátricos, “y un 30 por ciento de los ingresos por aparato digestivo”.

En palabras de Aizpiri, el alcoholismo supone “el 10 por ciento de las bajas laborales y más o menos del 25 al 30, casi el 40 por ciento de los accidentes de tráfico; está presente en el 60 por ciento de todos los homicidios que hay en el país y es la primera causa de accidentes laborales, domésticos y sobre todo de violencia en casa”.

El experto en alcohol recordó que España es un país que lleva 3.000 años consumiendo alcohol. “Tenemos una tradición cultural, venimos de una cultura cristiana donde el alcohol está en todos los rituales, desde la misa hasta las festividades. Somos un país donde se bebe, le apetece a la gente beber, y nos están dando estímulos de bebida constantemente”, señaló.

En este sentido, recordó que sólo en el País Vasco hay más bares y tabernas que en 8 países de la UE. “España tiene más bares que la totalidad de toda Europa en su conjunto”, agregó.

EMBORRACHARSE EL FIN DE SEMANA

Aizpiri incidió en que existe “un problema grave” de alcoholismo que, en su opinión, ha ido avanzando. “Antes era de personas adultas, y en estos momentos alcanza a edades entre los 13 y 17 años. Exactamente el 35 por ciento de nuestros jóvenes se emborracha el fin de semana. Es decir, uno de cada tres jóvenes bebe alcohol en grandes cantidades el fin de semana hasta perder la conciencia, alterándole profundamente el desarrollo de su cerebro y su cuerpo”, sentenció.

El neurólogo bilbaíno recordó que al cerebro de un joven de 14 años “todavía le faltan 10 años de maduración”, por lo que calificó la ingesta de alcohol en el fin de semana de verdadero drama, ya que “altera y desplaza todo el proceso de maduración de un menor”.

“Todos lo días llegan madres angustiadas con problemas de alcohol de los hijos y jóvenes en muy malas condiciones; sobre todo empiezan a los 12-13 años, pero entre 15-16-17 años tenemos una población juvenil muy alta con gravísimo consumo y alto deterioro, por eso somos el anteúltimo país de Europa en este momento en el fracaso escolar”, aseveró.

Aizpiri lamentó que los jóvenes de hoy beben “como no se ha bebido nunca”. “Nunca en la historia ha habido a disposición de los jóvenes tal cantidad de alcohol, de tal nivel de potencia y sin ningún tipo de control”, afirmó.

Según explicó, hasta ahora las culturas, -“sobre todo la cristiana”-, el joven “bebía en navidad, cuando se pasaba un poquito, y en la fiestas del pueblo y se acabó”. Sin embargo, ahora acuden “cada semana a un pueblo diferente”, por lo que, a final de año, suman unas “60 trompas”, tal y como cifró. Hasta ahora, continuó, no ha habido nunca una sociedad “que permita destruirse a los jóvenes públicamente” sin tomar medidas.

“Por primera vez en la historia, no ha ocurrido nunca, los jóvenes disponen de gran cantidad de dinero, no hay ningún control en horario nocturno, y beben grandes dosis, tanto niños como niñas, veo niñas de 36-37 kilogramos de peso consumiendo unas dosis de alcohol que no las ha bebido su abuelo en la vida y eso en un mes y claro las alteraciones son brutales”, explicitó.

Finalmente, realizó unas recomendaciones a padres y madres cuando vean que su hijo regresa a casa bebido. “Se le tienen que empezar a poner los pelos de punta, saber con quien anda, qué dinero maneja, empezar a controlar la cuadrilla, el ambiente, las circunstancias e intentar cambiar las cosas antes de tiempo”, especificó.

Lo que no pueden hacer, agregó, es “acostarse y decir no sé cómo llegan mis hijos, en qué condiciones y a correr”. “Una intoxicación y una embriaguez de un menor de edad es una intoxicación grave y hay que controlarla”, avisó.

“Luego no hay que quejarse que vaya mal en clase, no quejarse que haya violencia en casa, no quejarse de que le pega a la madre y que se monten todos los patines que se montan en la sociedad nuestra todos los fines de semana”, concluyó.